viernes, 20 de enero de 2023

¿SERÁN LAS “CIUDADES 15 MINUTOS” LAS CÁRCELES DEL FUTURO?

Dicen los “expertos” que la “pandemia” ha puesto de manifiesto la carencia que tienen las ciudades desde el punto de vista de salud y sostenibilidad, y que, por lo tanto, se ha incrementado el deseo de vivir en ciudades, pueblos y barrios funcionales a tamaño humano. Evidentemente, para conseguir entornos urbanos más habitables será necesario que las administraciones implanten nuevas políticas de urbanismo. Y aquí es donde se quiere que entren en juego las “ciudades 15 minutos”.

Pero, ¿qué es una “ciudad 15 minutos”? El concepto de “ciudad 15 minutos” se basa en el trabajo del urbanista, Clarence Perry, “La Unidad Vecinal”, que ha sido readaptado a los tiempos modernos por Carlos Moreno, Catedrático de Emprendimiento de la Universidad Sorbona de París.

Según Carlos Moreno, la “ciudad 15 minutos” es aquella en la que la cercanía de los servicios facilita la vida de los ciudadanos. Lo que se pretende, es tener una mini ciudad dentro de una gran ciudad, donde no haya que desplazarse –no más de 15 minutos- para poder comprar, acceder a la sanidad, trabajar, acudir a diferentes eventos culturales, deportivos, etc. En definitiva, poder tener cubiertas prácticamente todas nuestras necesidades de vida en un radio de 15 minutos alrededor de nuestra residencia habitual.

Algunas ciudades como Oxford, París, Barcelona, Porland, Buenos Aires, Brisbane o Melbourne, entre otras, están incrementando esta iniciativa. Parece que Oxford ha tomado la delantera y ya tiene un proyecto muy avanzado que pretende poner en marcha en 2024. Con la excusa del cambio climático, donde los convencidos de esta estupidez quieren acabar con las emisiones de CO2 a la Atmósfera, van a encerrar a la gente ya no es ciudades, que también, sino en distritos. Así que mucho me temo que no se trata de hacernos la vida más agradable, sino de encerrarnos en ese “lindo paraíso de 15 minutos”.

Según una publicación reciente, el Consejo del Condado de Oxfordshire se está preparando para comenzar en 2024 cuarentenas climáticas. Van a dividir la ciudad de Oxford en 6 vecindarios de 15 minutos, e instalarán todo tipo de artilugios electrónicos para controlar quien entra y sale. En resumen, con la excusa de salvar el planeta van a encerrar a los ciudadanos en distritos (celdas) dentro de ciudades (prisión).

Mucha de la tecnología para llevar a cabo la opresión y vigilancia que se precisa para implementar un proyecto como este ya está funcionando. Controles en aeropuertos, cámaras instaladas por todas partes, registros biométricos, códigos QR, pasaportes sanitarios, tarjetas de identificación digital, “vacunas” y ahora la llegada inminente de las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) son todo lo que se necesita para encerrarnos a los borregos para siempre y convertirnos de una vez por todas en lo que somos, ganado.

Lo más increíble es que no se requerirá la presencia de un policía en cada esquina para que no salgamos de nuestra “ciudad 15 minutos”. Serán el Internet de las Cosas, los Big Data, la Inteligencia Artificial, la Blockchain, el Crédito Social y las monedas digitales de los bancos centrales (CDBC) los carceleros de esta prisión”. Tal es así, que nuestro coche (si es que aún lo tenemos) se parará automáticamente si salimos de nuestro distrito sin permiso. Tampoco podremos comprar nada que no esté autorizado y nuestro dinero no servirá fuera del radio de 15 minutos. Y como todo quedará grabado y registrado, podremos ser sancionados de inmediato. Increíble, ¿verdad? Pues la tecnología para hacerlo existe, así que mucho me temo que solo es cuestión de tiempo.

Ante tanta nueva situación distópica es urgente preguntarse: ¿qué le ha pasado al hombre? ¿Por qué ha aceptado una dominación que raya la obscenidad? ¿Cómo permite a otros hombres que le digan lo que puede o no puede hacer y le encadenen al obligado cumplimiento de estúpidas leyes draconianas?

Hubo un tiempo en el que no existía ninguna de esas leyes absurdas que regulan todos los aspectos de nuestra existencia. Ciertamente, la vida era dura y las cosas distaban mucho de ser perfectas, pero la gente era, a todos los efectos, tremendamente más libre que en la actualidad. Fue una época de libertad que podríamos denominar “superior” comparándola con lo que es hoy.

En la actualidad contamos con adelantos tecnológicos para lograr una sociedad casi perfecta. Entonces, ¿por qué estamos como estamos? Pues porque nuestros dueños –esos dementes egoístas que se han apoderado de todo- ya se han asegurado de limitar nuestras capacidades innatas, de que recibamos una educación mediocre, de que el verdadero conocimiento esté fuera de nuestro alcance y de que solo estemos interesados en el entretenimiento banal. De esta manera han aniquilado al hombre y creado al “hombre-masa”: un borrego que carece del más mínimo pensamiento crítico y se cree todas las estupideces habidas y por haber.

Visto lo vivido estos tres últimos años creo que nos encerrarán en “ciudades 15 minutos”, entregando voluntariamente nuestra libertad a cambio de esa supuesta seguridad. Pero la libertad no se puede ceder. La libertar se vive y punto. Nadie puede ser dueño de nuestra libertad por muchos papeles que así lo acrediten. ¿Cómo es posible que la gente no entienda esto?

La mayoría de la población ha perdido el norte. Vive en un estado de ansiedad permanente provocado por un miedo continuo. Es una sociedad que no piensa, que está tremendamente insatisfecha y solo espera la gratificación pecunia semanal, mensual o anual de sus amos. En eso nos hemos convertido.

Lo que estamos a punto de aceptar es, sin duda, la puntilla para nuestra especie y pone de manifiesto la cruda realidad: la humanidad está al borde de la aniquilación voluntaria, si es que no lo está ya.

Un distópico proceso de control político-financiero centralizado se ha puesto en marcha. En los próximos 3-5 años ese control se acelerará a través del sistema monetario: harán desaparecer el dinero físico que nos da libertad, dando paso a las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) que nos esclavizaran. Y cuando esto ocurra ya no habrá vuelta atrás.

¿Crees que es otra teoría conspiranoica? Pues piensa que también lo fueron en su día que con la excusa del Covid “vacunarían” a toda la población mundial, que el cambio climático antropogénico sería un suculento negocio o que se avecinaba una tremenda deflación. Sin embargo, esas supuestas teorías de la conspiración se han cumplido. Recuérdalo cuando estés encerrado “disfrutando” del puto “paraíso de 15 minutos”. 

lunes, 9 de enero de 2023

LA FALSA PANDEMIA DEBE SER ENJUICIADA

A día de hoy hay pruebas irrefutables de que el Covid-19 no provocó ninguna pandemia ni tuvo una alta incidencia de mortalidad. Todo fue un engendro para llevar a la humanidad a un estado de shock, arrebatarle los pocos derechos y libertades que aún le quedan y, por supuesto, inocular a toda la población una “vacuna” (cuasi obligatoria) objetivo final de todo este circo.

Y es que las “vacunas” Covid han sido un engaño superlativo. Eso por no hablar de las trágicas consecuencias que cientos de miles -o millones- de personas están padeciendo y el exceso de mortalidad que están causando.

Evidentemente, todo aquel que no sea un tonto a las tres ya se habrá dado cuenta de que toda la parafernalia covidiana estuvo basada en mentira tras mentira: los confinamientos y todo tipo de restricciones no funcionaron, las “vacunas” no inmunizaron ni evitaron la propagación de la enfermedad y las mascarillas no ofrecieron absolutamente ninguna protección.

Entonces, ¿podríamos decir que todas esas medidas no sirvieron de nada? Bueno, eso de que no sirvieron de nada no es exactamente así. Naturalmente, no valieron para librarnos de ningún supuesto virus volador, pero se usaron para dar un paso de gigante en la implementación de la Agenda 2030, el Gran Reinicio y, en definitiva, ese Nuevo Orden Mundial que tanto le gusta a la élite dominante.

Lo paradójico del caso es que, aunque cada día es más incuestionable el engaño, los promotores de este “sarao” siguen  erre que erre con su agenda de “vacunación”, queriendo ahora inocular simultáneamente la cuarta dosis de refuerzo de la “vacuna” del Covid más la de la gripe. Sin embargo, salvo algunos ancianos acojonados y otros desinformados, la gente no está acudiendo a los “vacunódromos” masivamente como sí lo hizo durante la falsa pandemia.

Esta negativa mayoritaria a someterse de nuevo al pinchazo ha irritado tremendamente a la OMS. Tal ha sido su cabreo, que a twitteado un vídeo donde llama a los “antivacunas” asesinos, terroristas y otras lindezas, diciendo que el activismo contra las vacunas es de extrema derecha y una agresión contra la ciencia. Lo que insinúa la OMS, en otras palabras, es que una persona no vacunada es responsable de la muerte de otras personas que, paradójicamente, sí lo están. ¡Alucinante!

La verdad es que hay que ser subnormal profundo para creer que si las “vacunas” funcionan, ¿cómo pueden los no vacunados ser una amenaza para los vacunados? El mero hecho de que las personas vacunadas son las que están contrayendo el Covid, un día sí y al otro también, y subiendo el porcentaje por encima de lo habitual de enfermedades como miocarditis, arritmias, ictus, cánceres y muertes súbitas, demuestra que las “vacunas” no funcionan para inmunizarnos del Covid, pero probablemente estén haciendo muy bien su trabajo de la manera esperada.

¿Y qué decir del patético uso de mascarillas? En España todavía es obligatoria la mascarilla en hospitales, farmacias, clínicas dentales, centros psicotécnicos, ópticas, aviones, trenes, autobuses y algunos sitios más que no recuerdo en estos momentos.

¿No te has preguntado por qué se han elegido esos sitios y no otros con aforos mucho más elevados como pabellones deportivos o discotecas? Pues por la sencilla razón de que acudir al hospital, coger el autobús, renovar el carnet de conducir o viajar en avión son de vital importancia para nuestra vida cotidiana y no así entrar en una discoteca o un pabellón deportivo. Por lo tanto, es fácil deducir que el único fin de la mascarilla es psicológico, para que no olvidemos que la amenaza sigue ahí. Así, el día que les dé la gana volverán a imponerla y la gente se someterá sin la más mínima objeción, pues nunca ha perdido el contacto con ella.

Por otra parte, está suficientemente probado que las mascarillas no han protegido nunca de nada (no hay ningún estudio en el mundo que lo demuestre). Además, ocasionan graves problemas cuando se usan en periodos prolongados de tiempo, puesto que son un foco de infección de primer nivel. Dado que la gente las utiliza una y otra vez (poniéndosela y quitándosela al entrar y salir de una farmacia, un hospital o un autobús y guardándosela en el bolsillo tantas veces al día como sea necesario) son una temeridad, ya que en una mascarilla húmeda de nuestro propio aliento las bacterias crecen y se multiplican generando estafilococos, estreptococos y hongos de todo tipo, como puedes observar en la siguiente imagen.

Bien es verdad que ponerte una mascarilla 5 ó 20 minutos de vez en cuando no es demasiada molestia. Ahora bien, los conductores de autobuses, médicos, enfermeras, tripulación de los aviones, etc. la llevan desde hace 3 años 8 horas al día. ¿Qué les pasa? ¿Es que piensan estar con ella toda la vida? ¿No les chirría ver que en el Mundial de Fútbol de Qatar miles de personas de todas las partes del mundo, apiñadas en los estadios sin mascarillas, no eran una amenaza y, sin embargo, 3 personas en una farmacia o en una óptica sí? ¿Por qué no reivindican el mismo derecho a respirar que el resto? Si lo tienen muy fácil: simplemente con negarse a trabajar mientras no desaparezca la mascarilla sería suficiente.

Lo verdaderamente indignante es que todas esas aberraciones hayan quedado impunes. La catástrofe producida, precisamente, por todas esas medidas (confinamientos, uso obligatorio de mascarillas, toques de queda, “vacunas”, etc.) está siendo silenciada para evitar responsabilidades: no es de recibo que habiéndose declarado ilegales los dos estados de alarma, por parte del tribunal constitucional, donde se promulgaron todos esos absurdos Decretos Ley no haya tenido consecuencias.

¿A qué estamos esperando para pedir responsabilidades? Porque si seguimos con nuestra pasividad, y no actuamos, esto no va a acabar nunca. Y no es una afirmación gratuita.

Otra vez, como cada invierno desde hace tres años, el relato del miedo ha vuelto a irrumpir en nuestras vidas cual elefante en cacharrería. De nuevo una amenaza proveniente, como no, de China se cierne sobre nuestras cabezas. Nos dicen que, como consecuencia de que China ha puesto fin a su política de “cero Covid”, cientos de millones de chinos están dando "positivo" en las pruebas PCR. De momento, todo aquel pasajero procedente de China tendrá que presentar una PCR negativa y mostrar su carnet de vacunación tanto en EEUU como en la UE, pero mucho me temo que será extensible al resto de ciudadanos del mundo no tardando mucho.

¿De verdad vamos a volver a las andadas? ¡Despierta! ¿No ves que esta gente no va a parar mientras no vea su culo amenazado? Hay que decirles que esta vez NO vamos a permitírselo, que serán juzgados y les exigiremos responsabilidades. Porque teniendo en cuenta los graves problemas ocasionados por las vacunas y la tenaz determinación, por parte del complot político-farmacéutico, de seguir engañando a la gente, se ha vuelto escandalosamente urgente la necesidad de un juicio sumarísimo.

¡Basta ya de tomaduras de pelo! No volvamos a obedecer  ninguna de sus gilipolleces. Podemos empezar por negarnos a utilizar la mascarilla en todos esos sitios donde es obligatoria, por no permitir que nos hagan más estúpidas pruebas PCR, por ignorar el pase sanitario y, por supuesto, no más dosis de refuerzo. Tengamos coraje y hagámoslo. No hay que tener miedo. No nos va a pasar nada, porque no estamos cometiendo ningún delito. Son ellos los que se han saltado toda la legislación nacional e internacional por el arco del triunfo.

Tenemos que desterrar para siempre todo tipo de tiranía (sanitaria, climática, financiera) para evitar que se establezca un estado policial mundial. Nada de “borrón y cuenta nueva”. Tienen que rodar cabezas. Esta gente no se puede ir de rositas y ha de pagar por lo que ha hecho, de lo contrario seguirán haciéndolo.

Cualquiera con dos dedos de frente se habrá dado cuenta de que nunca debimos consentir los abusos de estos tres últimos años. Si han hecho esto por la amenaza de un presunto virus, imagínate lo que harán para salvar el planeta del cambio climático.

Estamos asistiendo en riguroso directo a un genocidio y a una remodelación total del orden económico y geopolítico mundial. Lamentablemente, la mayoría de la población no es consciente de lo que está sucediendo. Y es que a pesar de que está viendo como sus compañeros de trabajo, amigos y familiares están siendo víctimas de las terribles consecuencias de las “vacunas” y experimentando en sus propias carnes la ruina económica provocada por el gobierno de turno, se niega a reconocerlo.

Todos esos cobardes que prefirieron seguir siendo golpeados antes que levantarse contra sus agresores son los culpables de esta situación. Ellos son los que tienen que reaccionar y alzar la voz. Si ellos no lo hacen no conseguiremos nada, porque, por desgracia, dependemos de esa inmensa mayoría.


martes, 27 de diciembre de 2022

DE LAS DEMOCRACIAS TOTALITARIAS A LA ESCLAVITUD DEL DINERO DIGITAL

Nacemos en el seno de una familia que no elegimos, en un lugar que no decidimos y dentro de una sociedad que no dispusimos. Esta sociedad está llena de instituciones, leyes y normas que nosotros tampoco establecimos. Por lo tanto, creer que somos ciudadanos libres por vivir en el seno de lo que llamamos democracia es tan estúpido como creer en la existencia de Papá Noel.

La mayoría de países occidentales sufrimos regímenes democráticos representativos dictatoriales. Pero es que ni siquiera las democracias participativas garantizan la libertad, ya que la simple idea de tener que acatar todos lo que decide una mayoría no dejará de ser la imposición de una mayoría sobre una minoría, y eso es lo mismo que cualquier totalitarismo.

Estos regímenes democráticos están fundamentados en el adoctrinamiento, puesto que sin el adoctrinamiento adecuado todas esas estructuras sociales, a las cuales profesamos una devoción ciega, se derrumbarían inmediatamente.

El adoctrinamiento irrumpe en nuestra vida desde el mismo momento de nacer y nos acompaña hasta el final de nuestros días. De ello se encargan nuestros progenitores, la mal llamada educación, los medios de comunicación de masas y últimamente las nuevas tecnologías salidas de la “fabrica de ilusiones” de Silicon Valley. Y es que sin estas premisas la gente no se dejaría gobernar por una élite minoritaria de cleptócratas.

Del mismo modo que un estado dictatorial se impone mediante la fuerza bruta, una democracia se establece a través del engaño, la mentira y la manipulación psicológica. Por eso, no está tan claro si el individuo es más libre en una democracia o en un estado totalitario, ya que en un estado totalitario sabes quién es el enemigo y puedes luchar contra él, en una democracia no.

Evidentemente, el abanico de posibilidades que te brinda una democracia es más amplio que el de cualquier dictadura. Pero eso no es garantía de libertad. Para que exista una verdadera libertad tiene que haber libertad de pensamiento propio, y eso en las actuales democracias sencillamente no se da. Ni que decir tiene que el que está escribiendo estas líneas es consciente de que sus pensamientos también están influenciados por toda esa propaganda.

Por más que intentemos autoconvencernos de que somos dueños de nuestros actos, la cruda realidad demuestra, con pruebas irrefutables, que no somos más que meros peleles incapaces de decidir nada por nosotros mismos.

Es muy triste ver como nuestras mentes han sido programadas y moldeadas para limitarse a obedecer leyes y normas que unos cuantos “tíos listos” han elaborado para nosotros. Incluso personas con una inteligencia por encima de lo normal tragan toda esa bazofia sin inmutarse.

Si hasta ahora hemos permanecido en el engaño y la mentira, creyendo que vivíamos en sociedades libres, el futuro inmediato que nos espera no se presenta nada halagüeño.

Nos acercamos rápidamente hacia un control digital total de la humanidad. Lo que hemos vivido últimamente va en esa dirección.

Es un hecho que las nuevas tecnologías están haciendo de la mayoría de nosotros unos bobos auténticos. Y los bobos somos eso, bobos, por lo tanto, no nos estamos enterando de que la tecnología está poniendo una cadena invisible alrededor nuestro. Y cuando esa cadena se cierre por completo, ya no tendremos la más mínima posibilidad de escapar.

La llegada inminente del las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) será el último eslabón de la cadena que nos condenará para siempre a vivir en un campo de concentración digital.

El dinero digital estará condicionado a todo: huella de carbono, crédito social, carnet de salud o cualquier otra cosa. Podrá bloquear cualquier producto que queramos adquirir si se considera que ya agotamos el cupo que teníamos asignado. Así, por ejemplo, si nuestra asignación de consumo de carne es de un kilo al mes, no podremos comprar más pues el dinero digital no nos lo permitirá. Y lo mismo sucederá al adquirir cualquier otro bien o servicio como medicinas, combustible, gas, electricidad, viajes, etc. Aunque lo más esclavizante,  es que será un dinero que cada uno solo podrá utilizar en zonas concretas (“ciudades de 15 minutos”: recuérdalo) y, además, tendrá fecha de caducidad, de esa manera nunca podremos ahorrar el suficiente dinero que nos proporcione un poco de libertad.

Evidentemente, no nos lo van a contar así. Nos lo venderán de otra manera como, por ejemplo, que con este nuevo dinero no habrá fraude fiscal ni economía sumergida ni corrupción. Pero la realidad es que a partir de entonces nuestro dinero será única y exclusivamente suyo y no podremos hacer nada al respecto.

¿Tú quieres esto? Si eres de los que piensa que la vida sin libertad no merece la pena ser vivida, me imagino que no.

Decía Descartes: “Pienso, luego existo”. Por eso hay que decirle a la gente que debe de cuestionarse todo, solo así tendremos una oportunidad.

Si consiguiéramos una representación suficiente de personas valientes de todo el espectro social (policías, fuerzas armadas, políticos, periodistas, educadores, médicos, abogados, ingenieros y trabajadores de todos los sectores) que se atrevan a plantar cara al sistema, las estructuras de poder quedarían fuera de juego de inmediato.

¿Imposible? Puede. Pero soñar, de momento, es gratis. Y digo soñar, porque después de ver lo de Argentina es para echarse a llorar: un país entero movilizado (con más de 5 millones de personas en la calle) para aclamar a 25 jugadores de fútbol, que lo único que han hecho en su vida es dar jodidas patadas a un balón. ¿Te imaginas esa misma energía canalizada para echar a los corruptos gobernantes que tienen sumido al país en la miseria? Pero sospecho que eso nunca va a suceder.

Una prisión digital está cada día más cerca y a nadie parece importarle. Y es que somos nosotros mismos los que estamos autoencarcelándonos digitalmente. ¿No lo crees? Pues dile tú a la gente que tire el puto móvil por la ventana, que deje de utilizar el dinero electrónico o deje de hacer compras por Internet. Probablemente, lo único que conseguirás es que te manden a la mierda. Así que mucho me temo que la humanidad terminara en un campo de concentración digital y “será feliz” -o eso creerá-, del mismo modo que ahora cree que vivir en democracia es sinónimo de libertad.

sábado, 10 de diciembre de 2022

LA MANIPULACIÓN DE NUESTRAS VIDAS A TRAVÉS DE LA PROPAGANDA

En un mundo saturado de información y desinformación, donde la misma noticia es contada de diferente manera en cientos de medios de comunicación en todo el mundo y tergiversada por intereses espurios, no hay manera de sacar nada en claro. Y de eso se trata.

Todas esas supuestas noticias, con las que nos bombardean las 24 horas del día los 7 días de la semana, no son tales, sino mera propaganda. Y claro está, mientras no sepamos qué es la propaganda y cómo funciona no podremos diferenciar una verdad de una mentira.

Veamos qué es y cómo funciona la propaganda.

Según la RAE, la propaganda es la difusión o divulgación de información, ideas u opiniones de carácter político, religioso, comercial, etc., con la intención de que alguien actúe de una determinada manera, piense según unas ideas o adquiera un determinado producto.

Existen diferentes maneras de enfocar la información. La información, a secas, es esa que única y exclusivamente cuenta los hechos y punto. Ahora bien, la otra información, la sesgada y manipulada, o sea, la propaganda, es la que poniendo el énfasis en la noticia más alarmante consigue el efecto deseado: que nosotros mismos lleguemos a la conclusión a la que quieren que lleguemos.

Veamos algunos ejemplos.

Últimamente los medios de comunicación nos informan del levantamiento del pueblo chino, harto de tanto confinamiento y tiranía por parte su Gobierno. No seamos ingenuos. Los medios de comunicación no critican la dictadura china, sino que la están utilizando para hacer propaganda de lo “afortunados” que somos los ciudadanos occidentales, al comparar nuestras políticas restrictivas del Covid con las de China.

Otro ejemplo lo tenemos con la guerra en Ucrania. Los informativos llevan meses repitiendo hasta la saciedad que Ucrania va a ganar esa guerra, que Putin está es horas bajas y que su economía se derrumba. Pero la realidad es que Rusia sigue estando ahí y que Ucrania dejaría de existir si verdaderamente los rusos lo quisieran así. En este caso, la propaganda va dirigida a que aceptemos que estamos inmersos en una crisis energética, debido a que Putin es un malvado asesino que quiere aniquilar a Europa.

¿Y qué decir de la locura climática? No se puede mentir con más descaro. Mientras los medios de comunicación no hacen otra cosa que alarmar con la desaparición de los casquetes polares y el aumento del nivel de los océanos, los ricachones y poderosos del planeta (los mismos empeñados en restringir las emisiones de CO2) construyen sus flamantes mansiones a la orilla del mar.

Toda esta propaganda -disfrazada de noticias- consigue que multitud de idiotas sigan con la mascarilla, que restrinjan el uso de la calefacción y el aire acondicionado para salvar el planeta y ayudar a destruir a Putin o que vendan sus casas de la costa antes que el aumento del nivel del mar las engulla para siempre.

Llevamos toda la vida siendo manipulados, engañándonos y amedrentados por meras campañas propagandísticas. La mayoría de las noticias que vemos a diario en los medios de comunicación nada tienen que ver con la realidad y solo pretenden asustarnos. Y amén que lo consiguen.

Pero la realidad siempre ha estado, está y estará a la vista de todos. Solo hay que mirar en la dirección correcta. Lo que sucede, es que somos  nosotros los que elegimos cambiarla por otra ficticia, para poder llevarnos bien con nosotros mismos, y esa decisión es la que determina el rumbo de nuestra vida.

Allá por el año 1932 decía Aldous Huxley: “En el futuro, gracias a la propaganda o el lavado de cerebro reforzado por métodos farmacológicos, la gente amará su servidumbre. ¡Cuánta razón tenía!

Lo que llamamos Estado, junto a todas esas instituciones gubernamentales y no gubernamentales, no son más que organismos de corrupción que trabajan al servicio del poder global del dinero, habiendo sido creados y diseñados con el único fin de engañar –a través de la propaganda- a todo aquel ingenuo que decida creer que están a nuestro servicio.

Por desgracia, la mayoría de las personas que han decidido creer lo harán de por vida, y aunque tengan que soportar barbaridades enormes (como la falsa pandemia, el cambio climático o las sucesivas crisis de todo tipo), no renunciarán a su sistema de creencias bajo ningún concepto. Y aquí es donde se hace realidad esa famosa frase de Maquiavelo: “Un pueblo que acepta pasivamente la corrupción y a los corruptos no merece la libertad”. Y en esas estamos.

¿Acaso se nos ha olvidado que consentimos estar encerrados durante tres meses, que soportamos sin rechistar respirar a través de una mascarilla y que la gente ni se inmutó cuando perdió su negocio o su puesto de trabajo? Pues todo esto se hizo para inducir al “populacho” -a través de una campaña propagandística de dimensiones épicas- a que acudiera desesperadamente a inyectarse un nuevo veneno que no sabemos exactamente para qué es, pero que está causando estragos. Estragos, por otra parte, que la misma propaganda se encarga de minimizar o desviar la atención hacia otro lado.

Siento decirlo, pero como el experimento les ha salido redondo volverán a hacerlo (esto o algo parecido o peor que esto). Y no es pesimismo, es simplemente una pequeña dosis de realismo.

Algunos optimistas piensan que podemos evitarlo. Pero, ¿y la mayoría? ¿Quiere evitarlo? Puede que si apagásemos la tele, tirásemos el puto móvil por la ventana y dejásemos de comportarnos como verdaderos zombis lo consiguiéramos. Pero, la pregunta es: ¿lo vamos a hacer? Pues claro que no. Y no lo vamos a hacer, porqué se nos ha olvidado que somos seres inteligentes con capacidad de pensar, sentir y actuar de acuerdo a nuestra naturaleza. Por lo tanto, no necesitamos de banderas ni de himnos ni de nadie que decida por nosotros cómo debemos vivir. Para vivir en paz y armonía no se precisa de gobiernos ni de leyes, solo se requiere acatar la esencia del significado de una preciosa palabra clave: ¡RESPETO! Todo lo demás, pura demagogia anclada en mera propaganda.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

EL FUTURO DE OCCIDENTE SE ESTÁ GESTANDO EN CHINA

La capacidad tecnológica que actualmente tienen los gobiernos va a permitir imponer una tiranía total de la que no habrá forma de escapar. No importa a quién votes y quién gane las elecciones, porque nuestro futuro ya está escrito.

Según la élite dominante, debido al constante aumento de la población y al agotamiento insostenible de los recursos, necesitamos una gestión global para la sostenibilidad del planeta y la vida dentro de él. Esta ideología es la que nos está llevando hacia una dictadura universal, en la que la élite se ha adjudicado el papel de administrador principal del planeta, con un desprecio total por el pensamiento del resto de los mortales, a los que se nos ha negado tan siquiera el derecho a opinar.

Nuestro destino se está forjando en China. Al igual que importamos la locura del “virus” de Wuhan, estamos importando la censura, el sistema de crédito social y las monedas digitales que, no olvidemos, son una realidad en China. Lo que se pretende es llevar a la humanidad hacia el modelo chino: una economía de libre mercado, con un control exhaustivo de cada ciudadano al más puro estilo orwelliano.

El estado de vigilancia chino funciona como el ojo del gran hermano que todo lo ve. Las cámaras equipadas con tecnología de reconocimiento facial permiten rastrear toda actividad, para ser evaluada por el programa de crédito social. Esto implica que cada persona es clasificada en función de su comportamiento, y aquellos que no cumplan con los deberes de buen ciudadano tendrán restricciones en viajes, asistencia sanitaria, compras, créditos bancarios, etc. 

Los que tenemos una edad, no recordamos una censura tan brutal y una falta de libertad de expresión en España desde los tiempos del franquismo. Uno de los últimos que la ha sufrido ha sido el periodista y poeta Aarón García Peña, cuyo programa del 17 de noviembre de 2022 fue borrado de la página web de RNE por denunciar el sinsentido de la falsa pandemia.

Del mismo modo, el sistema de crédito social empieza a desplegarse en Occidente. La Comisión Europea ya ha dado el visto bueno a la creación de una identificación digital para cada ciudadano europeo. ¿Qué crees que va a implicar esa nueva identificación digital? Pues un control absoluto sobre cualquier faceta de nuestra vida como se está haciendo en China.

¿Y qué pasa con las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC)?

El 15 de noviembre de 2022, se informó de que la FED y varios bancos, entre los que se encuentran Citigroup, Wells Fargo y otros,  están participando en un programa experimental, de 12 semanas de duración, sobre el dólar digital.

Si el programa tiene éxito, es muy probable que la nueva moneda digital de los bancos centrales haga su aparición a más tardar en 2025. Evidentemente, antes tiene que desaparecer el dinero en metálico, cosa que ya es prácticamente una realidad en algunos países de la UE.

Esta nueva moneda digital se vinculará directamente a cualquier cosa que el gobierno estipule. Así, por ejemplo, se vinculará a nuestro crédito social, a los certificados de vacunación o a nuestra huella de carbono. Esto quiere decir que si desobedeces las normas, automáticamente restringirán o cerrarán el grifo de tu propio dinero. Si como hemos visto, el “populacho” corrió desesperado a inocularse una pócima, que ningún médico le había prescrito, para poder ir a un restaurante o viajar, ¿quién se va a negar a hacer lo que le pidan ante la amenaza de dejarle sin la sangre vital del sistema, el dinero?

Nuestros dueños han decidido que el modelo chino es el que mejor se adapta para la imposición de su agenda. Además, como ahora disponen de unas herramientas aterradoras para hacerse con el control del planeta, podrán decidir absolutamente todo lo que acaece sobre la Tierra, incluido quién vive y quién no. Y no es una teoría de la conspiración, es claramente una conspiración en toda regla contra la humanidad.

Pero la cosa no termina aquí. Esto solo es el principio, puesto que sus planes van mucho más allá. Lo que pretende el FEM, junto con Bill Gates, los Rockefeller, el Club de Roma y compañía  es hacer un experimento tecnológico desenfrenado para llevarnos a un mundo transhumanista controlable a todos los niveles.

Te preguntarás que cómo van a poder hacer esto. Pues ya lo están haciendo: acabamos de ver cómo fabricaron una falsa pandemia con el objetivo de inocular a toda la población mundial una, dos, tres, cuatro y vete a saber cuántas dosis de una “vacuna” que no es tal.

Hackear al ser humano es a día de hoy una realidad y no sólo mediante tecnologías externas, sino internas. Hasta ahora los gobiernos han recolectado datos acerca de dónde vamos, con quien nos reunimos, etc. La siguiente fase es la vigilancia debajo de la piel” (Yuval Harari, asesor del FEM)

Si tomamos al pie de la letra las palabras de Yuval Harari, estas "vacunas" pueden llevar incorporadas nanotecnologías para ese fin, como así lo están denunciando investigadores privados, que han demostrado la existencia de cuerpos extraños en los viales de las “vacunas”, sobre todo óxido de grafeno.

En resumen, quieren modificar genética y nanotecnológicamente al ser humano para llevarnos a una humanidad 2.0 vinculada a la Inteligencia Artificial.

Si la mayoría de la gente no es capad de verlo, es porque no tiene el suficiente conocimiento sobre las nuevas tecnologías -militares naturalmente- y, lo que es más grave, porque no sabe realmente cómo funciona el mundo. Y es que en el mundo nada de lo que vemos es lo que parece. Los bancos no son lo que dicen que son. Los gobiernos no velan por nuestros intereses. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no están ahí para protegernos. Los centros educativos no educan. La justicia no es justa. Y así podríamos seguir con cada una de las creencias que nos mantienen en la ignorancia.

La incuestionable realidad, es que la superestructura de nuestra sociedad es una combinación de contubernios -muy bien pensados, engrasados y jerarquizados- para adueñarse de la mente de los borregos que conformamos el rebaño. Es de esta forma como servimos a nuestros amos sin siquiera saber que los tenemos. Por lo tanto, si nuestros amos han decidido deshacerse de la mayoría de nosotros y al resto tranhumanizarnos, no te quepa la menor duda de que así será.

¿Cuándo vamos a darnos cuenta de que vivimos atrapados en una colosal mentira? 

domingo, 20 de noviembre de 2022

LA DESAPARICIÓN IRREVOCABLE DE LA CLASE MEDIA, PASO PREVIO A LA DESPOBLACIÓN

¿Qué ha sido de la clase media? 

La clase media está atrapada en una espiral de declive aparentemente irreversible. Desde mediados del siglo XX fue el bastión dominante de las democracias occidentales. Sin embargo, hoy se siente amenazada por la convergencia de diversos factores que están resultando letales para su supervivencia.

La evolución de la tecnología, la robótica y la Inteligencia Artificial han acelerado el “progreso” de la humanidad de una manera exponencial. Todas estas cosas son buenas en esencia, pero la cuestión es que se están imponiendo sin que los individuos podamos elegir libremente si queremos evolucionar mediante estas herramientas o sin ellas.

Evidentemente, si uno quiere un implante de mentón, unas tetas nuevas o un Smartphone de última generación, con todas las aplicaciones habidas y por haber, está en su derecho. Es más, incluso si quiere implantarse un microchip en el cerebro, es su decisión. Ahora bien, se arriesga a que los hackers tengan acceso a su chip, por lo tanto, a su cerebro. Y aquí está el quid de la cuestión, ya que la élite, que tiene a su merced a los poderes fácticos, suele ser la primera en controlar la tecnología y utilizarla para imponer su voluntad al resto de los mortales.

Aparición y desaparición de la clase media.

Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo necesitaba una restructuración inmediata, por lo tanto, había mucho por hacer y poco tiempo que perder. Para ello se creó la clase media, a la cual se la “mimó” con remuneraciones salariales más o menos “justas”, con periodos vacacionales reglamentados y con acceso a una sanidad digamos adecuada.

Gracias a la creación de la clase media millones de personas en el mundo hemos disfrutado de una pseudolibertad individual que ahora la nueva estirpe globalista está tratando de eliminar. También pretende destruir el capitalismo liberal que, con sus innumerables defectos, condujo a que una próspera clase media hiciera del planeta un mundo mejor para vivir.

Con la llegada de las nuevas tecnologías, la clase media está siendo sustituida a pasos agigantados por máquinas que trabajan las 24 horas del día, sin necesidad de remuneraciones salariales ni vacaciones. Además, las máquinas no tienen la capacidad de tener pensamiento crítico para tomar sus propias decisiones, cosa que sí tenemos los humanos, como hemos visto -aunque bien es verdad que en menor medida de lo deseado- con la disidencia de la falsa pandemia: personas con criterio propio que no se dejaron amedrentar ni embaucar para inocularse esa pócima mal llamada vacuna.

Todos los gobiernos occidentales, con la UE a la cabeza, están implementando políticas destructivas para hacer desaparecer a la clase media: trabajos precarios, sueldos irrisorios, contrataciones y despidos  exprés, subidas desproporcionadas de los precios de los bienes y servicios básicos, etc. Lo que están haciendo es someter a la gente para que acepte voluntariamente toda una serie de falsas crisis (sanitaria, energética, económica,..) e ir poco a poco destruyendo pequeñas y medianas empresas hasta acabar con la clase media.

Ni que decir tiene que tanto la falsa pandemia, el cambio climático, la guerra de Ucrania o las crisis económica y energética se están utilizando para este fin. Es toda una trama perfectamente orquestada anclada en mentira tras mentira.

Un engaño permanente.

Siento decirlo, pero la gente que sigue la corriente oficial cree en una fantasía de lo más infantil. Tal es así, que piensa que porque ya no tengamos algunas restricciones todo ha terminado y hemos vuelto a la normalidad. Pero se equivoca, ahora todo es “nueva normalidad”. Lo único que ha terminado –de momento- es la fase de presión, convulsión y terror que, por cierto, solo se diseñó para traernos hasta aquí.

Llevamos décadas siendo engañados a través de la llamada educación y los medios de comunicación. Los sistemas monetario, financiero, judicial y político son una farsa, como lo son casi todas nuestras creencias. Sin embargo, ha sido en los últimos años cuando la implantación de nuevas ideologías distópicas ha acabado con la capacidad de raciocinio de la gente. El lavado de cerebro ha sido de tal envergadura, que no solo nos han convencido de la existencia de un virus volador o de que el CO2 (fuente imprescindible para la vida) va a destruir el planeta, sino que hasta nos han hecho creer que realmente un hombre puede convertirse en mujer y viceversa.

Lo lamentable, es que las mentiras y engaños han sido ampliamente aceptadas por la masa ignorante. El resultado, es la total sumisión y obediencia para dejar de considerar los hechos como son y no darse cuenta de lo que verdaderamente está ocurriendo. Y lo que ocurre, es que estos psicópatas quieren eliminar a la clase media, puesto que saben que una vez liquidada llevar su plan genocida adelante será coser y cantar.

¿Les vamos a dejar salirse con la suya? Mucho me temo que sí, ya que nos han hecho creer que tienen un poder absoluto sobre nosotros. Pero si fuéramos capaces de razonar, nos daríamos cuenta de que el único poder que tienen es el que nosotros le hemos otorgado, ya que su poder radica en nuestro miedo y en nuestra sumisión voluntaria.

Un atisbo de esperanza.

Acabamos de rebasar los 8.000 millones de personas en el mundo. ¿Crees que somos “peccata minuta” a la que se puede aniquilar así como así? Pues ellos creen que sí, por eso lo están intentando. Sin embargo, la estadística juega a nuestro favor, ya que, históricamente, las ideas infantiloides, estúpidas o maquiavélicas  siempre han aparecido y desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. La esperanza, es que este atajo de psicópatas engreídos -los  Schwab, Harari, Gates, Rockefeller, Soros y todo el elenco de iluminados que quieren despoblar el planeta- terminen enfrentándose entre ellos y todo su proyecto quede en agua de borrajas. Sería lo deseable, ¿no crees? De no ser así, esperemos que impere el sentido común y la razón y la gente reaccione antes de que sea demasiado tarde. 

jueves, 10 de noviembre de 2022

LA “NUEVA NORMALIDAD” DE BLACKROCK Y VANGUARD GROUP

Los oligarcas financieros, a través del “vocero mayor del reino”, el Foro Económico Mundial, llevan años proclamando la necesidad de un “Gran Reinicio”, que llegará de la mano una “nueva normalidad” hecha a la medida de esa gente que no piensa por sí misma y se contenta con sentarse delante de la “caja tonta” (en realidad no tan tonta) para ser adoctrinada, entretenida y distraída.

La “nueva normalidad” se está imponiendo a pasos agigantados. A estas alturas, prácticamente todo el mundo ha oído hablar del sistema de crédito social chino, de los pasaportes de “vacunas”, de las monedas digitales de los bancos centrales, de las cámaras de vigilancia masiva, de las aplicaciones de control biométrico, de la Inteligencia Artificial, de los algoritmos utilizados en Internet para censurar la libertad de expresión y de un sinfín de realidades distópicas que conforman esa “nueva anormalidad”.

Si eres de los que te fijas en los hechos, y no en la propaganda, te habrás dado cuenta de una realidad muy preocupante: estamos siendo aniquilados y esclavizados por una mafia autoritaria que ha superado con creces cualquier película de terror.

Todas las crisis globales (pandemia, cambio climático, guerra de Ucrania, crisis económica, energética,…) tienen el mismo objetivo: la despoblación del planeta.

Que las restricciones impuestas durante la falsa pandemia han provocando un desastre económico sin precedentes nadie lo duda. Ahora bien, ¿cómo se pudo imponer toda una serie de medidas, enfocadas a destruir deliberadamente la economía, en contra de todo sentido común? Pues la respuesta a esta pregunta es muy simple: para que BlackRock y Vanguard Group (los dueños del mundo) ganaran sumas astronómicas de dinero.

Gracias a la falsa pandemia orquestada por la OMS, o lo que es lo mismo, por la ONU, todos los flujos de riqueza global están yendo a parar a BlackRock y Vanguard Group.

Por si aún no te has enterado,  tanto BlackRock como Vanguard Group controlan el sistema financiero, sanitario y económico mundial. Son los dueños de los medios de comunicación, de la industria farmacéutica, de la cultura y de todo lo que puedas imaginar. Y lo más preocupante es que tienen infiltrados a sus hombres en todos los centros de poder: centrales de inteligencia, fuerzas armadas, servicios secretos y, cómo no, en la política.

A día de hoy, se podría decir que todos los recursos del planeta, incluida su manufacturación, han sido confiscados por BlackRock y Vanguard Group. Estos dos monstruos, que tienen el monopolio de todas las grandes industrias del mundo, son propiedad de las familias más ricas del planeta entre las que se encuentran la familia real de Inglaterra, la familia Rothschild, la familia Orsini, los Bush, la familia du Pont, los Morgan, los Vanderbilt y los Rockefeller, entre otros.

Si la gente despertara de su letargo y descubriera cómo está realmente estructurado el mundo, entonces entendería lo fácil que les ha sido diseñar una falsa pandemia, inventarse un engañoso cambio climático antropogénico y hasta poner en marcha una oportuna guerra.

BlackRock y Vanguard Group, a través de la “nueva normalidad”, pretenden ejercer un control financiero, físico y mental sobre toda la humanidad. Sin embargo, esta gente que lo posee todo no necesita hacer tal cosa para disfrutar de sus omnipotentes privilegios. Entonces, ¿por qué lo hacen? Muy sencillo, porque las élites son un atajo de dementes hipocondriacos que creen que el planeta está superpoblado y en pocas décadas el agotamiento de los recursos acabará con ellos. Y, aunque no están del todo desencaminados (estamos superpoblados y consumimos demasiado rápido los recursos), orquestar una trama tan repugnante y asesina como ésta demuestra que no tienen el mínimo respeto y empatía por sus semejantes.

Que te quede claro. BlackRock y Vanguard Group son los verdaderos promotores de la Agenda 2030, del Gran Reinicio y de la Cuarta Revolución Industrial que serán implementadas a través de la “nueva normalidad”.

La élite siempre se ha esforzado en perfeccionar los sistemas de control de masas. Hasta hora existían unos límites que no eran capaces de superar, pero la llegada de la digitalización lo ha cambiado todo por completo.

Actualmente nuestra vida está en manos de los “big data”, por lo tanto, quien controla esos datos tiene el poder de controlarnos también a nosotros y, aunque te cueste creerlo, pueden desactivarnos con un solo clic de ratón.

La Unión Europea se ha convertido en el laboratorio experimental para llevar a cabo este proyecto. En junio de 2021, la Comisión Europea decidió introducir un sistema de identificación digital para cada ciudadano europeo donde estará incluido todo. Su intención es que esté definitivamente implantado para finales de 2023, lo que supondrá un instrumento de control absoluto sin precedentes en la historia de la UE.

Con la excusa de la salud, de la guerra de Ucrania y ahora del clima nos están imponiendo su “nueva normalidad” que en realidad es una dictadura encubierta. ¿Qué crees que va a salir de la Cumbre Climática de Egipto COP 27? Pues más de lo mismo: prohibición de vehículos particulares, sustituir las proteínas de la carne por la de los insectos, pasaportes personales de la huella de carbono, restricción de viajes y un larguísimo etcétera.

Lo triste es que todo este desaguisado se está produciendo delante de nuestras propias narices y la mayoría de la gente sigue pensando que son solo teorías de la conspiración. Pero no son teorías de la conspiración, está ocurriendo y, por desgracia, muy pocos parecen darse cuenta.

¿Podemos evitarlo? Por poder, claro que podemos. Ahora bien. La pregunta clave es: ¿realmente queremos evitarlo? Me temo que no, pues la mayoría de la gente, inmensamente hipnotizada  por las fantasías que le cuenta diariamente la todopoderosa televisión, pronto se acostumbrará  a la “nueva normalidad”, y una vez instalada ya no habrá vuelta atrás.

Visto lo visto, me temo que la “nueva normalidad” de BlackRock y Vanguard Group no tardando mucho será una realidad. Pensar que nosotros podemos detener este perverso proyecto es de una ingenuidad supina. Ya lo pudimos comprobar, en 2020, cuando pararon el mundo entero en un abrir y cerrar de ojos sin que nadie moviera un solo dedo para evitarlo. Entonces, ¿por qué ahora va a ser distinto?