miércoles, 10 de julio de 2024

CÓMO DESTRUIR LA ECONOMÍA DE UN PAÍS Y NO “MORIR” EN EL INTENTO

Para un político destruir la economía de su país es relativamente sencillo. Ahora bien, corre el riesgo de “morir” en el intento. Sin embargo, si lo que hace es acatar las órdenes de las diferentes organizaciones globalistas internacionales, la cosa cambia. Eso es lo que se está haciendo en Occidente con la implementación de la Agenda 2030.

La Agenda 2030 tiene 17 objetivos diabólicos disfrazados de “buenismo sostenible”. Dichos objetivos son en realidad contrarios a los principios de cualquier sociedad justa y civilizada. No obstante, parece que a nuestros políticos se la trae al pairo y están utilizando toda esa sarta de sandeces con un único fin, empobrecer a la nación.

Todo lo que voy a exponer a continuación ya se está llevando a cabo en España y otros países para arruinar su economía deliberadamente.

-Impresión excesiva de dinero: causa hiperinflación y, por consiguiente, la reducción del poder adquisitivo de la gente.

-Aplicación de políticas fiscales desastrosas: aumento excesivo de impuestos que están desincentivando la inversión y el consumo.

-Gasto público excesivo, muy superior a los ingresos, generando una deuda pública que tendrá hipotecada a varias generaciones.

-Destrucción deliberada del sector primario mediante regulaciones restrictivas.

-Fomento de la corrupción y enfrentamientos constantes de la clase política. Esto divide a la población, y un pueblo dividido es un pueblo vencido.

-Intromisión en el conflicto Ucrania-Rusia -que ni nos va ni nos viene- para encarecer a propósito el suministro de bienes esenciales para el país como el trigo, el gas o el petróleo.

-Deterioro premeditado de la educación y la sanidad, lo que conlleva a una población más imbécil, dócil y enfermiza.

-Establecimiento de malas condiciones laborales y bajos salarios para propiciar la emigración de la gente más cualificada del país.

-Permitir y fomentar la inmigración ilegal para reemplazar a la población autóctona por otra de baja o nula formación más fácil de manipular.

-Y lo más grave de todo. España se ha unido a otras 12 naciones (Argentina, Australia, Brasil, Burkina Faso, Chile, República Checa, Ecuador, Alemania, Panamá, Perú, Estados Unidos y Uruguay) para firmar un acuerdo del FEM que establece la cantidad de explotaciones agrícolas y ganaderas que cada nación debe eliminar, ya que, según el FEM, la producción de alimentos está provocando el “calentamiento global”. Evidentemente, con este acuerdo no se pretende otra cosa que impulsar una hambruna global.

Esto, señores, es lo que se está haciendo actualmente en España: políticas irresponsables que arruinan nuestra economía y que, paradójicamente, a nadie parece importarle.

Ahora, para terminar de consumar su plan, ya sólo les queda acabar con nuestro “buque insignia”, el turismo.

Después de que los diferentes gobiernos conservadores y progresistas destruyeran prácticamente toda nuestra industria, a España ya sólo le queda la explotación de sus monumentos, su Sol y sus playas; es decir, el turismo.

Que España vive hoy en día prácticamente del turismo es una realidad. Y, claro está, como el objetivo real de la Agenda 2030 (la cual han firmado tanto el PSOE como el PP) es arruinar económicamente a España, una de las cosas que vamos a ver, no tardando mucho, es cómo se cargan también la industria turística.

Nuevamente utilizarán la estrategia “problema, reacción, solución”.

Primero se incita a la gente a hacer turismo a mogollón, con campañas en todos los medios -sobre todo en televisión- de ciudades patrimonio de la humanidad, lugares “idílicos”, playas soleadas y todo tipo de gilipolleces.

Evidentemente, las localidades “agraciadas” ven en ello la gallina de los huevos de oro: se les llena la ciudad de estúpidos que consumen cualquier gilipollez como, por ejemplo, pagar por ver un trozo de mar que lleva ahí millones de años.

Ante tal avalancha de consumidores, los lugareños abandonan su economía tradicional y se pasan a vivir del turismo (ingresos más rápidos con menos esfuerzo). Aparecen entonces los pisos turísticos, las tiendas basura de souvenirs y la proliferación empresas de restauración, de alquiler de vehículos y todo tipo de memeces que tengan que ver con el ocio.

Indudablemente, con las constantes campañas en televisión, más el aporte de las redes sociales, el turismo empieza a masificarse hasta alcanzar cotas inasumibles para cualquier urbe que multiplique por 3, 4 ó 10 veces su población. La consecuencia inminente es el colapso de servicios. Y aquí lo tenemos, ya hemos creado el problema.

Seguidamente, la población autóctona, que no viven del turismo, pone el grito en el cielo y reclama a las autoridades una regulación: que desaparezcan los pisos turísticos, que se reduzca el número de visitantes, etc. He aquí la reacción.

Y, como es de esperar, atendiendo la petición de los ciudadanos las autoridades ofrecerán la solución: restricción total del turismo de masas, con lo cual todos esos negocios turísticos desaparecerán de la noche a la mañana arruinando las economías locales y por ende el país.

Si recuerdas, ya tuvimos un anticipo de esto durante la falsa pandemia. Por cierto, nada comparable a lo que está por venir con la excusa del “cambio climático”.

En 1912, el presidente estadounidense, Theodore Roosevelt, hizo la siguiente afirmación: "Detrás de un gobierno ostensible se encuentra un gobierno invisible que no debe lealtad y no reconoce ninguna responsabilidad hacia el pueblo".

Bueno, pues este gobierno en la sombra es el que está dando las órdenes a sus esbirros (los gobiernos de turno) para llevar a buen puerto su Agenda 2030, o lo que es lo mismo, su plan de despoblación y control.

La pregunta es: ¿qué pasará en España cuando acaben con la poca industria que nos queda, arruinen el sector primario y el turismo desaparezca? ¿Qué nos quedará? Nada, absolutamente nada donde la gente pueda trabajar. Por consiguiente, su futuro se verá abocado a vivir de subvenciones; eso sí, a cambio de una fidelidad incondicional al gobierno de turno. Y esto, señores, es la Agenda 2030, la Cuarta Revolución Industrial, el Gran Reinicio o como lo quieran llamar: “No tendrás nada y serás feliz”.

Y ahora una pregunta obligada: ¿cómo podemos terminar de una vez por todas con esta ignominia? La solución es simple. Sólo hay que aceptar la única verdad: que somos seres soberanos y que nadie tiene autoridad legítima sobre nosotros. En el momento que esta verdad sea asumida y compartida por todo el mundo, se acabó. Aunque me temo que hemos sido extraordinariamente adoctrinados para estar atados a nuestras cadenas y no sabríamos vivir sin ellas.

La realidad es que somos personas mayoritariamente ignorantes, con un lavado de cerebro impresionante, que dependemos del sistema para todo.

Este sistema ha conseguido apartarnos de la realidad convirtiéndonos en mercancía de usar u tirar. Por lo tanto, si, como dicen constantemente los gurús del FEM, el futuro inmediato pasa por sustituir la fuerza laboral por la IA, ¿qué sentido tiene seguir manteniendo al proletariado”? Ningún sentido, ¿verdad? Pues deberíamos tomar nota antes de que sea demasiado tarde.

Tenemos que empezar a entender que sucesos como el terrorismo, las guerras o las pandemias son sólo operaciones para traumatizar a las masas y empujarlas hacia su propia autodestrucción.

Pero lo más importante de todo, es darnos cuenta de que votar no es más que una liturgia en donde se escenifica la sumisión de unas personas a otras. Es la renuncia voluntaria de nuestra soberanía para ponerla en manos de unos “charlatanes de feria” (los políticos). Por lo tanto, introducir un voto en una urna es la mayor irresponsabilidad y acto de cobardía en que puede incurrir un ser humano.

¿No te das cuenta de que la corrupción que criticamos, la esclavitud que padecemos y la ruina que se nos viene encima la hemos votado nosotros?

Los globalistas, con el FEM a la cabeza, quieren una “regeneración” del mundo. Según ellos, el viejo mundo debe morir para dar a paso al nuevo mundo, y, por si aún no te has enterado, en ese viejo mundo estamos incluidos nosotros.

¿Se lo vamos a permitir? Siento ser tan pesimista (o realista), pero claro que se lo vamos a permitir, lo hacemos siempre, ¿o es que ya se nos ha olvidado la “Operación Covid-19”?

España hace mucho tiempo que dejó de ser una nación soberana. Somos simplemente una colonia -como lo es la UE- del imperialismo Yankee en manos de la plutocracia. Y es esa plutocracia la que nos tiene reservado un futuro nada halagüeño, tanto para España como para la UE. Porque esto no sólo está pasando en España, sino que también está pasando en Francia, Alemania, Países Bajos,….., y prácticamente en todo Occidente

En fin, señores, que nuestro país, nuestra economía, nuestra cultura y nuestros valores se van a la mierda y a nadie parece importarle. 

domingo, 30 de junio de 2024

¿QUIERE LA PLUTOCRACIA UNA TERCERA GUERRA MUNDIAL?

La gente, en general, no cree que el conflicto de Ucrania vaya a desembocar en la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, yo no lo tengo tan claro. Y no lo tengo claro, porque tampoco nadie hubiera creído -si se lo hubieran dicho- que iban a parar el mundo y encerrarnos a todos en nuestras casas con la excusa de un “virus volador”. Si recuerdas, la paranoia llegó a tal punto que, aparte de todas las locuras habidas y por haber (toques de queda, uso obligatorio de mascarillas, pasaporte de vacunación, etc.), lograron convencer a la gente para que se distanciase de su propia familia. Y, para rizar el rizo, le dijeron que el único remedio era una “vacuna” que ni inmunizaba ni protegía de ser contagiado. ¡Increíble! ¿Verdad? Parece una fantástica teoría de la conspiración si no fuera porque lo hemos vivido.

Desde siempre el mundo ha sido gobernado por la peor calaña y ahora no es diferente.

En los últimos tiempos, el imperialismo anglosajón (léase RU y EEUU) se ha convertido en el más violento y sangriento del planeta. Sus masacres, a lo largo y ancho del globo terráqueo, han acabado con la vida de millones de personas. Desde las muertes ocasionadas por el colonialismo británico durante más de 200 años en la India, pasando por las guerras de opio en China, el genocidio maorí en Nueva Zelanda, la ejecución en masa de nativos americanos, las dos bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, más las guerras de Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, Libia, Somalia, Siria, etc. se han cargado nada más y nada menos que a 350 millones de personas.   

Este es el balance del genocidio orquestado por los anglosajones, desde la creación de su imperio hasta nuestros días, con el único objetivo de saquear las riquezas del planeta. Lo demuestra claramente la demencia de sus líderes, que no ha cambiado nada desde entonces. De por sí, la familia real británica sigue estando a la cabeza de este imperio asesino, con la inestimable ayuda de la City de Londres, Wall Street, el complejo industrial-militar estadounidense, las altas finanzas internacionales y los servicios secretos como la CIA o el MI6.

Ahora, el plan que se viene desarrollando desde hace más de un siglo, para establecer el poder de las altas finanzas anglosajonas en el mundo, está en periodo de renovación.

Según auguran todos los analistas, la gigantesca pirámide Ponzi, en que se ha convertido la deuda, no tiene otra salida que una Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, esa Tercera Guerra Mundial no tendría que ser necesariamente como la primera o la segunda. Podría ser nuclear, evidentemente. Pero también biológica, de IA, tecnológica, psicotrónica, económica o basada en el hambre y la miseria.

Lo que está claro, es que la Tercera Guerra Mundial, en la que tal vez ya estemos inmersos, será tramada y diseñada por esa panda de oligarcas desalmados para satisfacer sus más oscuros deseos.

Es muy probable que la Tercera Guerra Mundial consista en todo lo que tenemos hoy en día: una población estúpida como nunca en la historia de la humanidad, destrucción económica deliberada, nuevas enfermedades que proliferan como setas, más de 50 conflictos bélicos activos, elecciones amañadas en todos los países democráticos, división visceral de la población, fomento continuo del odio, vigilancia masiva mediante reconocimiento facial y sistema de crédito social, cambio climático antropogénico, pandemias, dinero digital, códigos QR, tropecientas orientaciones sexuales, educación paupérrima, vacunas, veneno en los alimentos, deuda pública desorbitada, migración masiva provocada y un larguísimo etcétera.

Pero vayamos al conflicto bélico que actualmente más nos preocupa. Me refiero, obviamente, a la guerra entre Ucrania y Rusia que, no nos dejemos engañar, es una confrontación encubierta OTAN-Rusia. Evidentemente, existe la posibilidad, cada vez mayor, de que se convierta en un conflicto más amplio, dado que la UE, con Macron a la cabeza, está haciendo todo lo posible para que así sea. Si, como pretende la UE, Ucrania utiliza armamento de la OTAN para atacar dentro de su territorio a Rusia, Putin ya advirtió que entonces involucrará armas nucleares, donde el número de muertos aumentaría de una manera exponencial. ¿Es eso lo que se pretende?  

La UE se ha convertido en un esperpento político-mediático que lo único que genera es la indignación de sus propios ciudadanos. No ha habido ni un solo debate sobre la injerencia de la UE en esta guerra. La decisión de enviar dinero y armamento a Ucrania se ha tomado sin la consideración de la ciudadanía, y esto es muy grave. Por eso es importantísimo dejar de apoyar a esta hipócrita UE, que está arruinando nuestra economía deliberadamente. Aunque, sinceramente, creo que tiene los días contados y, al final, le ocurrirá lo mismo que a la Unión Soviética.

Si lo piensas, son sorprendentes los paralelismos que existen entre la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) y la Unión Europea (UE).

Veamos:

-La URSS tenía una especie de parlamento, el Sóviet Supremo, que ni pinchaba ni cortaba. Lo mismo ocurre con el Parlamento Europeo, compuesto por 720 parlamentarios, donde el tiempo de palabra está tan limitado que no hay manera de debatir nada.

-Los que verdaderamente tomaban las decisiones en la URSS no llegaban a veinte personas no electas. Bueno, pues lo mismo ocurre en la UE, que está gobernada por 27 personas que se reúnen a puerta cerrada y no responden ante nadie.

-También comparten los mismos objetivos: el objetivo de la URSS era crear una nueva entidad histórica, el pueblo soviético. El de la UE el mismo.

En definitiva, La UE es el viejo modelo soviético con alguna pincelada occidental. Sin embargo, al igual que la URSS, tiene todas las papeletas para desaparecer de un momento a otro. Lo triste, es que cuando fracase, que fracasará (no tenemos más que ver los resultados de las últimas elecciones al Parlamento Europeo), dejará tras de sí una inmensa destrucción y gigantescos problemas económicos, étnicos y sociales. Eso si antes no se la lleva por delante una más que posible guerra con Rusia, donde actores como China o EEUU no tendrían más remedio que intervenir, dando paso a la Tercera Guerra Mundial y al exterminio de una cantidad ingente de personas.

¿Es esto lo que busca la plutocracia globalista? Porque si no lo es, está poniendo mucho empeño en que así sea. De hecho, uno de sus hombres más obedientes, Emmanuel Macron, está, erre que erre, elevando el tono: pretende enviar tropas a Ucrania y no descarta el uso de armamento nuclear contra Rusia. Evidentemente, una actuación así, por parte de Francia, implicaría de inmediato en el conflicto a la OTAN, con la más que segura iniciación de la Tercera Guerra Mundial.

Es inconcebible que los humanos seamos tan irresponsables. ¿Cómo podemos millones de hombres y mujeres entregarnos al capricho de unos plutócratas, que en un momento de euforia o frustración son capaces de destrozarlo todo? Es una aberración monstruosa.

No debemos dejarnos engañar con cantos de sirena, con patriotismo barato y con toda esa retahíla de buenos y malos. Si quieren una Tercera Guerra Mundial, que vayan ellos a luchar. Ni una sola gota de sangre del pueblo se debería derramar por satisfacer los caprichos de la demente plutocracia y toda la caterva que le sigue la corriente.

¿Pero qué le pasa a la gente? ¿No se da cuenta de que sin soldaditos no hay guerra que valga? Nadie debería enrolarse en ningún ejército. Sólo así acabaríamos con tanta guerra inútil. Porque, al final, las guerras son suyas, no nuestras: ellos se odian, desde el butacón del salón de su mansión, y nosotros nos matamos en los campos de batalla. Por su parte es de genios, la verdad, y de una estupidez supina por la nuestra.

Evidentemente, lo ideal sería que si son ellos los que se odian luchen y se maten entre ellos. Sin embargo, eso nunca va a pasar, es pura utopía, ya que esta gente tiene el control del mundo y, naturalmente, dispone de los mecanismos necesarios para hacer con nosotros lo que les dé la gana. Y si quieren que nos matemos en una Tercera Guerra Mundial, pues nos mataremos. Así de simple. 

jueves, 20 de junio de 2024

UN SISTEMA DISEÑADO POR Y PARA EL LUCRO DE UNOS POCOS “TÍOS LISTOS”

¿Quiénes son las personas que ostentan el poder en el mundo? ¿Son las más sabias? No, los sabios no tienen tiempo para ejercer el poder. ¿Son las más buenas y generosas? Tampoco, las personas buenas y generosas no ansían el poder. Entonces, ¿quiénes son? Evidentemente, son las personas más ambiciosas, ruines y malvadas, que han creado este sistema a su imagen y semejanza.

Todas nuestras actividades han sido diseñadas únicamente para el lucro de unos cuantos “tíos listos” -conocidos como la élite- y no para contribuir al bienestar de la humanidad. Naturalmente, esos “tíos listos” no son las personas más inteligentes y bondadosas del planeta, sino todo lo contrario. Pero la gente lo entiende justo al revés de cómo es. Cree, por ejemplo, que los líderes de los partidos políticos son los mejores. Sin embargo, un político no se hace con el liderazgo de su partido por sabiduría o bondad, sino porque está dispuesto a pisotear a cualquiera que se interponga en su camino. Y esto es extrapolable a cualquier otro ámbito de este sistema corrupto.

Nuestro sistema, en general, valora a las personas bajo una máxima: “tanto tienes, tanto vales”. Y eso es así, porque el único parámetro utilizado para valorar el “éxito” del ser humano es el dinero. Dinero, por otra parte, que es creado por los “tíos listos” de la nada, no está respaldado por nada y le dan o le quitan valor a su conveniencia.

El principio que mueve al mundo es “obtener el máximo beneficio financiero y en el plazo más corto posible”. Todo está supeditado a esto. De hecho, las políticas aplicadas en las últimas décadas están basadas en la hegemonía de las finanzas sobre los demás ámbitos en los que se desarrolla la acción humana. Esta es la única realidad.

Este sistema ha conseguido convertir el planeta en una mercancía y es el responsable de las actuales crisis artificiales. Crisis, que no son producto de una casualidad, sino el resultado de una “lógica” que, basada en el máximo beneficio para unos pocos, ha agrandado la brecha entre pobres y ricos, está esquilmando los recursos naturales a una velocidad de vértigo, ha precarizado el trabajo y los salarios y ha recortado los derechos sociales conseguidos con tanto esfuerzo por los trabajadores del mundo en los últimos 100 años.

Es un sistema diseñado únicamente para generar dinero. La política genera dinero al igual que la industria, la tecnología, la competitividad, la guerra, la enfermedad, la información, la propaganda y el miedo. Pero sobre todo genera dinero el hacer creer a la gente que necesita más de lo que realmente necesita.

Por desgracia, el mundo nunca vivirá en paz y armonía mientras la guerra sea un gran negocio. Tampoco estará más sano mientras la enfermedad sea más rentable que la salud. Y seguirá gobernado por tiranos, mientras nuestra sumisión siga generando pingües beneficios. Por lo tanto, no se puede avanzar hacia la paz y la armonía de la sociedad sin desterrar de nuestras vidas el dinero y todo lo que representa.

Y ahora la pregunta del millón: ¿sabemos realmente quién maneja los hilos del sistema en que vivimos? Carrol Quigley lo describe así en su libro “Tragedia y Esperanza”: “La red que mueve los hilos del mundo está formada por banqueros y capitalistas internacionales (los “tíos listos”); es decir, el alto mundo de las finanzas. Reúnen a su alrededor un ejército de científicos, tecnócratas, políticos y demás agentes marioneta para hacer desde las sombras su alta política. Están interesados en promover el endeudamiento de los gobiernos. Cuanta más alta sea la deuda, más caros serán los intereses. Pero además pueden exigir al presidente de turno privilegios fiscales, monopolios de servicios o contratos de obras. Si este no acepta, provocarán su caída, promoviendo disturbios y huelgas que, al empobrecer a la Nación, les obliga a claudicar ante lo que piden.

Obviamente, Carrol Quigley hace un resumen muy acertado de la situación, pero el mejor ejemplo de cómo funciona el mundo, y el papel insignificante del “populacho”, lo hemos vivido recientemente durante la falsa pandemia.

Los hechos ocurrieron de la siguiente manera:

Los “tíos listos” encargaron a sus instituciones supranacionales (OMS, FEM, CFR,…) que idearan un plan para someter a toda la población mundial a un experimento nunca antes visto (la inoculación de “algo” a toda la humanidad). Efectivamente, desarrollaron el plan durante el “Evento 201”, en octubre de 2019. Después, estas instituciones supranacionales dieron las órdenes pertinentes y los protocolos a seguir a los políticos paniaguados que ocupan los gobiernos de cada país. Pocos meses después ya sabemos todos lo que pasó.

Lo único que sacamos en claro durante el periodo pandémico, fue que todos los partidos políticos, absolutamente todos, no son más que meros actores peleles representando su papel. Lo paradójico, es que algunos de ellos ni siquiera saben que están siendo utilizados por el poder global del dinero.

Que yo recuerde, en España ningún partido político se opuso a la sinrazón de la falsa pandemia, ninguno. Y de la misma manera que se utilizó a la izquierda para implementar todas y cada una de las normas dictatoriales más absurdas, también, más tarde, se utilizó –y se sigue utilizando- a la llamada extrema derecha para descalificar a los verdaderos disidentes, metiéndoles en el mismo saco. 

Desde hace décadas, una red global de instituciones público-privadas ha asumido unilateralmente el mandato de la gobernanza mundial sin que nos hayamos percatado de ello. Bajo su administración se está transformando el sistema social, sanitario, económico, monetario y financiero internacional con tres grandes propósitos: reducir drásticamente la población mundial, concentrar aún más la riqueza y aumentar de una forma enfermiza el control sobre la población.

Lo verdaderamente aterrador, es que disponen de los medios y la tecnología adecuada para hacerlo. Les hemos dejado acumular tal cantidad de dinero, que pueden comprar países enteros. Con su inagotable riqueza, han organizado y compartimentado de tal manera la sociedad que lo tienen todo bajo control.

Esta mafia global lo único que quiere es la consolidación de su riqueza y poder: a corto plazo, obteniendo beneficio financiero inmediato; a medio plazo, creando futuras ventajas financieras; y, a largo plazo, estableciendo las condiciones sociales que les beneficie en las próximas décadas. Porque, al final, siempre se trata de dinero, ya que en este criminal sistema el dinero es poder.

Si la mayoría de la gente no sabe nada del Club Bilderberg, del Consejo de Relaciones Exteriores, del Comité de los 300, del Club de Roma y de la Masonería. Si tampoco conoce a los Rothschild, Morgan, Warburg, Rockefeller, Lazard, Kuhn Loeb o los Carnegie. Si no ha oído hablar de BlackRok, Wanguard Group, Charles Schwab, State Street y JP Morgan, y no entiende realmente cuál es el cometido de la ONU, la OMS, el FEM, la OTAN o el FMI es que no sabe realmente nada del mundo en el que vive. Esta gente, por desgracia, sólo conoce a sus amos más cercanos, los políticos. Por cierto, una estirpe cada vez más estúpida, mediocre e ignorante. De ahí que la decadencia del ser humano se perciba claramente en que cada vez somos engañados por personas más incompetentes.

Evidentemente, nosotros nunca vamos a tener acceso a toda esa vasta red de organizaciones supranacionales que manejan los “tíos listos”. Sin embargo, esas organizaciones sólo dan las órdenes a sus esbirros, los políticos, que son los encargados hacerlas cumplir. Por lo tanto, los que nos están jodiendo la vida no son las organizaciones supranacionales, sino los políticos. Y sobre los políticos sí podemos influir. Pero no de la manera que nos han enseñado, a través del voto. Eso es falso. El único voto útil es el que nunca entra en una urna.

¿Te has parado a pensar que esos políticos comparten ciudades, barrios y bloques de vivienda con nosotros? Por consiguiente, podemos actuar sobre el concejal de nuestro Ayuntamiento que vive en el piso 4º-C de nuestro bloque. Eso sí podemos hacerlo. Entonces, ¿por qué no lo hacemos? Buena pregunta, ¿verdad?

Está claro que si aún hay alguna esperanza de cambiar el curso de las cosas no es otra que la de impulsar una desobediencia civil global en contra de este sistema criminal y toda la caterva de esbirros y “tíos listos” que lo dirigen. ¿Seremos capaces de hacerlo? Aunque la pregunta correcta sería: ¿crees que la gente siquiera se lo plantea? 

lunes, 10 de junio de 2024

ATRAPADOS EN UN MAREMÁGNUM DE ESTÚPIDAS LEYES

Según Diego Sánchez de la Cruz (investigador asociado del Instituto de Estudios Económicos y profesor asociado en la UCJC), en España hay en vigor unas 100.000 leyes y normas de todo tipo. Eso supone alrededor de un millón de páginas que todo ciudadano debería leer y conocer, ya que, según la propia ley, el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento y, por lo tanto, de la sanción o pena que ello conlleve. Esto, se mire por donde se mire, es un disparate que, para más inri, lejos de disminuir sigue creciendo a un ritmo vertiginoso.

Pero lo peor de todo no es que el conocimiento de tantas leyes sea inabarcable para cualquier ciudadano, sino el coste que esto representa. En un informe, que publicó la CEOE en 2011, se cifraba en 45.000 millones de euros el coste de esta monumental maraña legislativa.

Evidentemente, todas estas normas afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos. Impuestos, energía, transporte, alimentos, medicinas, vivienda, trabajo y un larguísimo etcétera están regulados por alguna o varias leyes.

Este exceso de leyes no es sólo un problema de España, sino también del resto del mundo. Además, si a España le sumamos la burocracia europea, que aprueba unas 3.100 normas jurídicas al año, lo que tenemos es un galimatías inmenso de leyes y más leyes que vuelve loco a cualquiera.

Estamos atrapados en una espiral de demasiadas leyes, demasiado gobierno, demasiadas instituciones y demasiadas fuerzas armadas, lo que implica muy poca libertad.

Lo que tenemos ante nosotros es una cleptocracia que nos va ahogando más y más cada día. Indudablemente, toda la culpa es nuestra por ceder nuestra libertad a cambio de una supuesta seguridad que, paradójicamente, nunca llega. De hecho, hemos confiado ciegamente en el gobierno para que nos librara de cosas como el terrorismo, la “pandemia” o la inmigración ilegal masiva. Sin embargo, ni estamos más seguros y saludables que antes y tampoco han dejado de llegar pateras a nuestras costas. Eso sí, como hemos podido comprobar, se han promulgado nuevas leyes restringido aún más nuestra ya maltrecha libertad.

Hoy en día son tantas las leyes en vigor que es imposible que haya alguien que no incumpla ninguna. Según las estadísticas, el ciudadano medio comete, sin saberlo, al menos 10 delitos leves y 2 delitos graves al día debido a la sobreabundancia de leyes. Por lo tanto, en una sociedad así está claro que todos somos “delincuentes” en potencia.

Este problema de exceso de regulación se ha vuelto insostenible, dado que, como dijo alguien muy ingenioso, hemos llegado a un punto donde todo está prohibido, es ilegal o engorda. De por sí, hay tantas leyes que ni siquiera los encargados de hacerlas cumplir las conocen todas.

El acoso, intimidación y amedrentamiento que las leyes ejercen sobre nosotros hace que estemos excesivamente regulados, hasta tal punto que se nos considera incapaces de manejarnos sin ellas.

Sin embargo, nada de eso es cierto. Ni necesitamos leyes ni es relevante tener un gobierno para vivir en paz y armonía. Hay alternativas, y una de ellas es el autogobierno.

Una sociedad con autogobierno, es aquella en la que los ciudadanos participan directamente en la toma de decisiones sin la intermediación de un gobierno centralizado o una autoridad externa. Este modelo de organización social se basa en principios de democracia directa, participación equitativa y autonomía.

En una sociedad autogestionada, los ciudadanos tienen el poder de decidir directamente sobre los asuntos que les afectan, en lugar de delegar estas decisiones a representantes electos. La toma de decisiones está distribuida entre comunidades locales y no concentradas en un solo ente central. Y, por supuesto, todos los miembros de la sociedad tienen igual oportunidad de participar en la toma de decisiones.

Pero lo más importante de una comunidad autogobernada, es que organiza y gestiona sus propios recursos, su sistema de producción y su propia red de servicios. Esto incluye desde la producción de alimentos hasta la educación y la sanidad.

Evidentemente, una sociedad así requiere de un sistema educativo de calidad, donde se fomente el respeto, la participación activa, la colaboración y el pensamiento crítico, preparando a los ciudadanos para ser miembros activos y comprometidos con la comunidad.

¿Difícil? Pues claro. Sin embargo, hay ejemplos históricos y contemporáneos como la Comuna de París de 1871, donde los parisinos intentaron gestionar la ciudad de manera autónoma, aunque sólo duró dos meses. O el Movimiento Zapatista en Chiapas, México, donde los Zapatistas han establecido formas de autogobierno en varias comunidades basadas en principios de autonomía y democracia directa. O el de Rojava, en el Norte de Siria, donde se ha implementado un sistema de autogobierno basado en la democracia directa.

Dicho esto, queda claro que una sociedad autogestionada ofrece un modelo alternativo a las formas tradicionales de gobierno. Pero, ¿alguien a estas alturas piensa que los dueños del mundo van a consentir una cosa así? Puede que en casos aislados (como los que acabo de citar) de comunidades muy pequeñas y sin interés económico para ellos. Pero aplicarlo a países o continentes enteros no lo creo. Y no lo creo, porque, entre otras cosas, la gente no quiere, ya que está tan acostumbrada a estar sometida a las estúpidas leyes del poder que no concibe una vida en libertad.

Todas esas maldades que se le achacan sistemáticamente al ser humano no han sido más que la excusa perfecta para la implementación de leyes y más leyes, por parte del poder, para acabar con la libertad del hombre. Sin embargo, las personas no son malas por naturaleza. Tiene sus cosas, claro que sí, pero, en general, son inteligentes, emprendedoras, sociables y generosas. El problema está en el sistema que unos cuantos maniacos llevan imponiéndonos desde tiempos inmemoriales. Sistema, por otra parte, que no es más que el producto de la codicia de unos pocos. Por eso es importantísimo hacer ver a la gente que mientras legitime este sistema con su voto más y más leyes se irán promulgando para seguir esclavizándonos.

Para terminar, una dosis de realidad. Ayer en las elecciones al Parlamento Europeo en España hubo una abstención del 50,8%. Eso quiere decir que los ciudadanos de este país dijeron mayoritariamente NO a la UE. ¿Crees que los políticos lo van a tener en cuenta? Pues claro que no.

¡Señores! ¿Cuándo vamos a espabilar? 

jueves, 30 de mayo de 2024

¿QUÉ DEMOCRACIA ES ESTA QUE NUNCA TIENE EN CUENTA A LA GENTE QUE NO VOTA?

¿De verdad es el “pueblo soberano” quien ejerce el poder a través de sus representantes electos? Evidentemente, no. Quien ejerce el poder sobre el “populacho” es la partitocracia; es decir, unos partidos políticos que, aparte de freírnos a impuestos, sólo sirven a los intereses de los lobbies, instituciones supranacionales y otros actores importantes. Y no es ninguna teoría de la conspiración. Es un hecho probado y tan real como la vida misma.

Hoy en día votar no tiene ningún sentido. La única opción válida para fomentar un cambio de paradigma es la abstención; es decir, no votar.

No votar implica haberse dado cuenta de que el sistema político está totalmente podrido. Ya sabes: el poder corrompe. Por lo tanto, la corrupción es inherente a cualquier sistema político o institución donde se ejerza el poder.

El hecho de votar es consecuencia del grado de ignorancia y estupidez de los ciudadanos, que todavía no se han enterado de que la democracia no existe, es sólo una ilusión. Por no existir, ni siquiera existe dentro de los partidos políticos, ya que los mismos diputados no tienen libertad para ejercer su voto en el Parlamento. Simplemente el hecho de que hayan sido previamente designados a dedo por sus jefes, para formar parte de las listas electorales, les obliga a obedecerles. Es lo que cínicamente llaman “disciplina de partido”. Naturalmente, quien no se somete a ella es expulsado del partido.

Los partidos políticos no están para dar soluciones a los problemas de la sociedad, entre otras cosas, porque no saben cómo hacerlo. Sólo se preocupan de salvar su culo y de asegurar los interese de la mano que les da de comer. Dividen a la gente por puros fines partidistas y, como resultado, somos la sociedad la que pagamos los platos rotos. Pero lo peor de todo, es que el dinero que nos roban, a través de los impuestos, se despilfarra en cosas que nosotros, el “pueblo soberano”, no podemos controlar (acabamos de ver cómo nuestro Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, acaba de dar 1.100 millones de euros en armas a Ucrania sin que nosotros podamos hacer nada para impedirlo).

Y lo de administrar el Estado es pura fantasía. Su gestión no sólo es mala, sino pésima. De ahí que la deuda pública en España sea descomunal (1,6 billones de euros, en febrero de 2024, y creciendo). Esto, que no lo oirás de la boca de ningún político, está a punto de llevar al país a la bancarrota. Y, claro está, como debemos mucho más de lo que producimos, no hacen más que subirnos los impuestos.

Veamos ahora la incongruencia de este sistema electoral “democrático”, analizando los resultados de las últimas elecciones generales de 2023.

En julio de 2023 España contaba con una población de 47.475.420 habitantes, de los cuales tenían derecho a voto un total de 37.469.458. El número total de personas que votaron fue de 24.952.447, y el número de personas que no votaron 12.517.011. Es decir, que prácticamente 1/3 del censo electoral no votó.

Ahora veamos cómo se repartieron esos votos entre los diferentes partidos políticos que se presentaron a las elecciones: PP 8.160.837 de votos, PSOE 7.821.718, Vox 3.057.000, SUMAR 3.044.996, ERC 466.020, JUNTS 395.429, EH Bildu 335.129, EAJ-PNV 277.289, BNG 153.995, CCa 116.363 y UPN 52.188.

Como acabamos de ver, el partido más votado fue el PP con 8.160.837 votos. Sin embargo, las personas que no votaron fueron una aplastante mayoría de 12.517.011. Es decir, 4.356.174 más que el partido más votado. Entonces, ¿qué clase de democracia es esta que deja fuera a la mayoría del censo electoral?

Sin pretender ser demasiado suspicaz, me parece a mí que lo único que te permite esta democracia es cambiar de pastor, pero no dejar de ser oveja. Para dejar de ser oveja, la única opción es no votar. Es la forma más rápida de cambiar de paradigma y la manera más sutil de decirle a esa partitocracia que se vaya a tomar por donde amargan los pepinos y nos deje de una vez en paz.

Ojo con confundir no votar con votar en blanco. No votar es no introducir ninguna papeleta en la urna, y votar en blanco es introducir una papeleta en blanco en la urna, que no es lo mismo. Cuando votas en blanco estás reconociendo y validando la partitocracia. Sin embargo, no votar significa que no estás de acuerdo con el sistema.

¿Y qué decir de la gilipollez del voto útil? Útil para ellos, los votados, que a partir de entonces van a cobrar un buen sueldo y a tener unos privilegios que tú no tienes. Lo que se necesita en este país no es el voto útil, sino una reforma integral del corrupto sistema político. Esta democracia lo único que nos permite es elegir cada cuatro años a nuestros nuevos amos. Nada más. ¡Manda huevos! ¡Mira que llamar a esto “soberanía popular”! Es para tarados mentales.

Probablemente soy un iluso, pero sería increíblemente maravilloso que la gente despertara de su letargo y se atreviera a dejar de votar. Una abstención mayoritaria es, sin duda, el mayor temor de los políticos. Por eso su mensaje es hacernos creer que los necesitamos, que sin ellos la sociedad sería un caos. Y no es verdad. Es al revés. Son ellos los que nos necesitan a nosotros y los que tienen desquiciada a la sociedad. De ahí que todo el tiempo nos estén diciendo que van a resolver nuestros problemas. ¡Cuánta mentira e hipocresía! Lo único que en realidad persiguen todos los políticos -da igual de la ideología que sean- es mantener al “populacho” en la ignorancia, la mediocridad y la pobreza. Esta es la forma de perpetuar la partitocracia.

La deuda galopante de España pronto nos pasará factura; mejor dicho, ya nos la tendría que haber pasado. Esto pone de manifiesto que el sistema es un sistema amañado, y que las reglas que se aplican al “populacho” no se aplican de igual manera al Estado. Si tú no pagas la hipoteca, no te conceden otro crédito para hacer frente a los pagos, te embargan la casa y punto. Pero si el Estado se endeuda hasta las trancas, porque gasta más de lo que recauda, como estamos viendo, no pasa nada, se le presta más dinero y aquí paz y después gloria. Eso sí, ahora está en manos de los acreedores, que le exigirán un montón de reformas (implementar nuevas ideologías, aplicar las nuevas políticas del cambio climático o llevar a cabo la Agenda 2030).

El día 9 de junio son las elecciones al Parlamento Europeo, donde se espera una elevada abstención. Mi pregunta es: ¿se va a tener en cuenta la abstención? Lo pregunto, porque en 2019 sólo votó el 49,3% de un censo de 370 millones de personas y no se tomo en cuenta.

Es obvio que integrar la abstención en el sistema electoral aumentaría la representatividad y la legitimidad del proceso electoral. Pero esto no gusta a los políticos, que tendrían menos margen para hacer sus chanchullos.

Sin embargo, una abstención muy alta se consideraría un descontento generalizado con el sistema político, lo que llevaría irremediablemente a acabar de una vez por todas con la partitocracia.

Decía Thomas Jefferson: “Cuando la gente teme al gobierno hay tiranía. Cuando el gobierno temen a la gente hay libertad.”

Ahora la gente teme al gobierno, es obvio, ¿verdad? Sin embargo, no votar implica que será el gobierno el que tema a la gente. Así que de nosotros depende. Y es tan fácil como no ir a votar. 

lunes, 20 de mayo de 2024

EL PODER QUE EJERCEN UNOS POCOS SOBRE NOSOTROS NO ES SUFICIENTE PARA DOBLEGARNOS, SÓLO NUESTRA SUMISIÓN NOS HA CONDUCIDO AL SOMETIMIENTO

Lo que nos ha tocado vivir en estos últimos cuatro años es un adelanto de las cosas que están por venir. De hecho, supondrá la pérdida completa de libertad. Incluso podría -y esto no es una exageración- si no conducirnos a la extinción de la especie humana, al menos mermarla de una manera sustancial.

Hemos llegado a un punto en el que el “populacho” ha caído en un estado enfermizo de sumisión. Su lavado de cerebro es tal, que no es consciente de lo que se está materializando en el mundo: un régimen global tiránico totalitario, en el que no se respetarán los derechos fundamentales de las personas.

Desde siempre, cualquier sistema de gobierno no ha sido otra cosa que un autoritarismo generalizado llevado a cabo gracias a la sumisión de los pueblos. Por lo tanto, el problema real reside en el hecho de que el “populacho” ha aceptado el gobierno autoritario como la única opción.

Las sociedades actuales, sobre todo las occidentales, están compuestas por una patética clase proletaria débil que depende de los caprichos de sus gobernantes. Son, sin duda, sociedades perezosas, irresponsables, cobardes y complacientes con sus amos, a los que religiosamente vota elección tras elección.

Hoy en día, la mayoría de países del mundo están profundamente corrompidos por una elite rica que tiene a su disposición a los políticos, a los medios de comunicación y, lo más vergonzoso, a los intelectuales. Por lo tanto, no importa quién ocupe el Palacio de la Moncloa en España, La casa Rosada en Argentina, el Palacio del Elíseo en Francia o la Casa Blanca en EEUU, todos son títeres al servicio del poder global del dinero. Tampoco importa en qué medio de comunicación te “informes”, todos están comprados. Y lo de los intelectuales, salvo honrosas excepciones, raya en la más absoluta indecencia. Todos, absolutamente todos, son cómplices de la ejecución de este proyecto llamado Nuevo Orden Mundial, en el que va incluido el Gran Reinicio del FEM y, por supuesto, la Agenda 2030 de la ONU.

Mientras el ser humano no se dé cuenta de que defender ser de derechas o de izquierdas es un debate estéril, nunca se liberará de las cadenas de su esclavitud. Todas estas supuestas diferencias en realidad sólo sirven para pagar más impuestos, implementar más leyes represoras y, en consecuencia, más control.

Decía Margaret Thatcher que el dinero público no existe, que sólo existe el dinero de tus impuestos. Evidentemente, tenía toda la razón. Así que cuando el Gobierno decide malgastarlo, no despilfarra dinero público “de nadie”, despilfarra tu dinero que tanto te costó ganar y ahorrar.

Ahora la humanidad está siendo sacudida por un sinfín de crisis existenciales y ningún ámbito, ya sea político, sanitario, ético, económico, científico, financiero, etc., se salva. Y todo para llevar a buen puerto la Agenda 2030 de la ONU, con la que esclavizar de una vez por todas a la humanidad.

Los 17 objetivos de la Agenda 2030 no buscan otra cosa que el control total de los seres humanos y los recursos de la Tierra. Para ello necesitan imponer un único gobierno mundial centralizado que esclavice a todos los pueblos. Y en ello están.

La idea es controlar a todos los seres humanos del planeta mediante la introducción de mecanismos de control como la identidad digital, las nuevas normas sobre el cambio climático y la salud y, la más importante de todas, la entrada en vigor de un nuevo sistema monetario con las monedas digitales de los bancos centrales (CDBC).

En las próximas décadas -si nadie lo remedia- el mundo va a cambiar de tal manera que, como decía Alfonso Guerra, no lo va a reconocer ni la madre que le parió. No tardando mucho, todas las administraciones públicas, autoridades y tribunales de justicia serán asumidos por la inteligencia artificial y los procesos digitalmente automatizados. Esto, que a priori está siendo aplaudido con las orejas por los políticos, pronto les dejará sin trabajo, solo que como son tan estúpidos aún no se han enterado.

Después de la falsa pandemia, que sirvió como experimento para el sometimiento total de la población, le toca el turno al cambio climático. Con la excusa de no sobrepasar las emisiones de CO2, la humanidad será recluida de una manera definitiva. Viviremos en “ciudades 15 minutos” digitalizadas y totalmente vigiladas. Las personas ya no podremos movernos libremente, y los pocos trabajadores que todavía desempeñen algunas funciones en las que necesiten desplazarse lo harán bajo un estricto control.

Todo esto ya está en marcha. Sin ir más lejos, se van a aprovechar los Juegos Olímpicos de Paris para implementar algunas de estas medidas. Restricciones de movimiento, utilización de códigos QR y datos biométricos, entre otras cosas, serán de obligado cumplimiento si se quiere “disfrutar” de las olimpiadas. Evidentemente, muchas de estas medidas vendrán para quedarse, como vinieron para quedarse algunas de las tomadas durante la falsa pandemia.

La pregunta obligada es: ¿lo vamos a volver a consentir otra vez? Pues me temo que sí, dado que el nivel de estupidez y sumisión de la ciudadanía se ha visto incrementado en las últimas décadas de una manera escandalosa. Y, claro está, gente así no es capaz de reconocer lo que está sucediendo en el mundo: la llevada a cabo de un plan de exterminio y esclavización total de la humanidad.

Pero, ¿cómo puede una minoría doblegar de esa manera a la mayoría? Pues por una única razón: porque esa mayoría lo permite. Así de simple.

Veamos. A groso modo, nuestra sociedad está compuesta por un 1% que lo domina todo. Después hay un 4% de títeres a las órdenes de ese 1% que, a cambio, goza de unos buenos privilegios. Luego está el 90% de borregos ignorantes, que son tratados y manejados como ganado simplemente porque lo consienten. Y, por último, un 5% de despiertos, de los cuales un 0.1% trata de despertar al 90% de borregos adormecidos, me atrevería a decir que con poca o ninguna esperanza de conseguirlo. Porque mientras ese 90% de borregos ignorantes siga votando y consintiendo que otros le organicen la vida, el poder de ese 1% que lo domina todo está más que asegurado.

Dicho esto, es evidente que tenemos un problema. Pero, ¿hemos identificado el problema? Claro que sí.

Todos aquellos que permiten la existencia del gobierno son el problema. Los que obedecen voluntariamente las estúpidas leyes criminales son el problema. Los que votan cada elección para designar a sus nuevos amos son el problema. En definitiva, todos aquellos que "respetan" la “autoridad” son el problema.  Porque la única manera que tiene cualquier gobierno de existir y exigir el cumplimiento de sus estúpidas leyes criminales es con el consentimiento voluntario de sus gobernados. No hay otra forma.

Hemos llegado a un punto en que esa minoría adinerada de maniacos se cree dueña de este maravilloso planeta y no está dispuesta a compartirlo con 8.000 millones de “parias”. Piensa que somos muchos y ha decidido tirar de la cadena. Porque eso es lo que somos para ellos, mierda (con perdón) de la que hay que deshacerse.

Sin embargo, nuestro futuro no tiene por qué ser tan sórdido. No es tan difícil acabar con este paradigma, ya que sin sumisión no hay sometimiento que valga. Y no es ninguna idea descabellada. Si durante la falsa pandemia todo el mundo hubiese seguido con su vida normal (saliendo a la calle, yendo al colegio, a la universidad, a trabajar, abrir su negocio, viajar, etc.) nadie hubiera podido impedirlo. Por lo tanto, no hay que hacer nada del otro mundo, simplemente dejar de ser sumisos y punto. ¿Capici?

El problema está en cómo hacérselo ver a ese 90% de borregos ignorantes.

¡Que nos están matando, coño! 

viernes, 10 de mayo de 2024

¿FORMAN PARTE DEL PROGRAMA DE DESPOBLACIÓN LAS “VACUNAS” COVID-19?

Cada día aparecen nuevos informes sobre las secuelas que están dejando en la población las “vacunas” Covid-19. Tal es así, que muchos gobiernos, entre ellos el español, empiezan a tener que dar explicaciones de por qué insistieron en aplicar una “vacuna” que no estaba aprobada ni testeada y que, además, como se demostró, ni protegía ni evitaba el contagio ni era eficaz ni segura.

Recientemente, nuestro exministro de Sanidad, Salvador Illa, se ha visto obligado a hacer unas declaraciones en las que se inhibe, tanto él como el Ministerio de Sanidad, de cualquier responsabilidad por los daños que están ocasionando las “vacunas”. Concretamente, ha dicho que en España no se obligó a nadie a vacunarse, que la gente acudió voluntariamente y que él, el Ministerio de Sanidad y los profesionales de la salud lo único que hicieron fue animar a la población a inocularse.

¿Este señor es tonto de baba o los tontos de baba somos nosotros? Porque vamos a ver. Animar es, por ejemplo, “animo a la gente a vacunarse por esta u otra razón, la que sea”. Sin embargo, lo que se hizo fue que si no te vacunabas, y no tenías el “pasaporte” Covid, no podías viajar, acompañar a un familiar al hospital, trabajar, entrar en un restaurante y un montón de cosas más. Y para más inri, en televisión se hizo una campaña de odio descomunal contra los no vacunados, tratándoles de negacionistas, apestosos, bebe lejías y diciendo lindezas como: “Hay que vacunarles por lo civil o por lo militar”, “Es necesario hacerles la vida imposible”. “Que se les prohíba la atención médica”. “Hay que excluirles de la sociedad”. Y la más increíble de todas: “Ya nos encargamos nosotros de que tú no te mueras por gilipollas. Sí, todo esto se decía constantemente en televisión las 24 horas del día los 7 días de la semana.

Eso, Señor Illa, no es animar, eso es coaccionar, que es muchísimo más mezquino que el obligar.

Por otra parte, pensar que el Gobierno –que jamás se ha preocupado por nuestro bienestar- de repente antepusiera nuestra salud a la economía, da que pensar. Si te acuerdas, dijeron que paralizaron la economía por salvarnos la vida. ¡Venga ya! Que somos imbéciles, pero no tanto. Según sus cálculos más pesimistas, la “pandemia” podría llevarse por delante al 0.2% de la población mundial. Sin embargo, no creo yo que por esa “minucia” (para ellos, naturalmente) pararan el mundo. El objetivo, está claro, tuvo que ser otro.

El Gobierno dice que todo lo hizo para salvar vidas. ¿Seguro? Porque ese mismo Gobierno que nos encerró, nos obligó a usar mascarillas y nos vacunó para salvar vidas está dando armamento a Ucrania para matar a personas. Es el mismo Gobierno que gestiona una sanidad pública de pena, donde las demoras para consultar con un especialista son interminables y las listas de espera para una intervención quirúrgica inasumibles, que le está costando la vida a miles de personas. Y sí, es el mismo Gobierno que ahora no se hace responsable de las víctimas de las “vacunas” Covid-19, abandonándolas a su suerte.

¿Es así como nuestro Gobierno cuida de nosotros? Pues con amigos como este (nuestro Gobierno) para que queremos enemigos.

Cada día es más incuestionable que la falsa pandemia sólo tuvo un objetivo: inocular la máxima cantidad posible de dosis al mayor número de personas en todo el mundo.

Recordemos que la distribución y posterior inoculación generalizada de estas “vacunas” experimentales fue permitida bajo la autorización de uso de emergencia. Por lo tanto, se eximió a los fabricantes de toda responsabilidad.

Pero que se exima de responsabilidad a los fabricantes no quiere decir que no estén causando daños importantes a los inoculados.

Los informes oficiales de varios gobiernos han hecho sonar todas las alarmas, al documentar un número sin precedentes de exceso de muertes, por todas las causas, desde la administración generalizada de las “vacunas” Covid-19.

Veamos los datos oficiales del exceso de muertes producidas en algunos países a raíz de las inoculaciones.

-Estados Unidos sufrió un exceso de muertes de 674.954 en 2021 y luego un exceso de 434.520 muertes en la semana 49 de 2022. Esto equivale a más de 1,1 millones de muertes en exceso, en casi dos años, desde que fueron implantadas las “vacunas”.

-Canadá sufrió un exceso de muertes de 35.318 en 2021 y luego un exceso de 25.333 muertes en la semana 34 de 2022. Esto se compara con un exceso de 31.042 muertes en 2020 en la semana 53. Sin embargo, al observar las cifras hasta la semana 34, tanto en 2020 como en 2021, queda claro que 2022 ha sido, de hecho, el peor año en cuanto a exceso de muertes, con diferencia.

-Las cifras oficiales de EuroMOMO, que incluye el Reino Unido y otros 26 países de Europa, revelan que la mayor parte del continente sufrió un exceso de 375.253 muertes en 2021 y 404.6000 muertes adicionales en 2022, lo que equivale a un exceso de 779.853 muertes en los dos años.

-Australia tuvo un exceso de 11.068 muertes en 2021 y luego, sorprendente, un exceso de 22.730 muertes en la semana 38 de 2022. Esto contrasta con 2020, cuando solo se registró un exceso de 1.306 muertes en pleno apogeo de la “pandemia” y antes del lanzamiento de las “vacunas”. Por lo tanto, Australia sufrió un impactante aumento del 1.640% en el exceso de muertes en solo 39 semanas a lo largo de 2022, en comparación con 53 semanas a lo largo de 2020.

-Nueva Zelanda sufrió en 2021 un exceso de 2.169 muertes y luego un sorprendente exceso de 5.286 muertes en la semana 49 de 2022. Estas son cifras impresionantes para una población de 5 millones de personas. Sin embargo, en 2020 se registraron 160 muertes menos de las esperadas en el punto álgido de la pandemia. Por consiguiente, Nueva Zelanda sufrió un impactante aumento del 3.404% en el exceso de muertes en 49 semanas a lo largo de 2022 en comparación con 53 semanas a lo largo de 2020.

Este dramático aumento del exceso de muertes pone de manifiesto que ese interés por vacunar con varias dosis a toda la población mundial no tenía el propósito de acabar con la falsa pandemia, sino un objetivo mucho más perverso. Y lo más preocupante de todo, es que aún no sabemos qué repercusiones tendrán las “vacunas” a largo plazo.

Estos son datos irrefutables que cualquiera puede comprobar. Pero si los relacionamos con lo que dice el FEM, a través de su ideólogo, Yuval Harari, puede que se nos pongan los pelos como escarpias y empecemos a ver con más claridad lo que está sucediendo.

El FEM dice que ahora ya no se necesita a la gran mayoría de la población, puesto que el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial y la bioingeniería permitirán reemplazar a estas personas.

Sí, has leído bien. Esta gente ya no cuenta con la mayoría de nosotros. Lo dice abiertamente. Lo inverosímil, es que todavía hay gente que niega la mayor: que hay en marcha un plan de despoblación.

Este blog lleva denunciando, hasta la saciedad, que estamos siendo eliminados por una élite de maniacos que utilizan todos sus recursos tecnológicos, financieros, políticos y mediáticos para llevar a cabo un programa de despoblación mundial. Dicha despoblación significa -aunque la gente se niegue a creerlo- eliminar físicamente al mayor número de seres humanos que ellos consideran prescindibles.

Lamentablemente, los acontecimientos desarrollados recientemente sugieren que está afirmación no es especulativa. Los datos objetivos indican que las “vacunas” están ocasionando estragos. Si a esto le sumamos el veneno que comemos, lo que cae de nuestros cielos, las excesivas radiaciones que recibimos de tecnologías como la 5G, la crisis energética, la inflación y la crispación de las masas a través de la política, lo que tenemos es un cóctel perfecto para acabar con el mayor número de personas que, según el Foro Económico Mundial (FEM), sobran.  

El FEM es una organización privada con sede en Suiza (como no). Formalmente, no representa a nadie ni habla en nombre de ningún gobierno o institución. Por lo tanto, no tiene ningún derecho a organizarnos la vida. Sus miembros no han sido elegidos por nadie ni nadie le ha otorgado poder para planificar el futuro de la humanidad. Entonces, ¿por qué lo hace? Porque quiere, porque puede, y porque, tristemente, no hay nadie que se lo impida. Así de simple.

Ilya Prigogine fue un físico, premio Nobel de Química, que estudio la termodinámica de los sistemas abiertos. Su estudio se basa en la reacción de Belousov-Zhabotinsky (una reacción oscilante que sirve como ejemplo clásico de la teoría del caos). Según Prigogine, un sistema abierto, como un ecosistema o la sociedad humana, necesita un aporte incesante de energía. En el caso de la sociedad humana, la energía proviene de la economía, la electricidad, la comida, la sanidad, los combustibles, la red de infraestructuras, etc. Este aporte de energía es necesario para poder subsistir, ya que de lo contrario colapsaría y significaría la muerte de millones de personas.  

¿Y qué estamos viendo ahora? Pues que los dueños del mundo, con las nuevas tecnologías en su poder, ya no necesitan una tercera guerra mundial para deshacerse de la población “sobrante”, dado que, como ya hemos visto antes, si a un sistema abierto, como la sociedad humana, le quitas la energía (electricidad, comida, sanidad, combustible, etc.) crearás un caos absoluto y colapsará. Y esto, querido lector, es lo que se está llevando a cabo en este momento. Lo alucinante, es que no engañan a nadie, ya que llevan diciéndolo desde hace décadas.

Y nosotros, ¿es que no tenemos nada que decir? Lamentablemente, nuestra pasividad pone de manifiesto que nos importa un bledo. Así que si a nosotros no nos importa, imagínate a ellos.