martes, 20 de septiembre de 2022

¿ESTÁN BUSCANDO DELIBERADAMENTE LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?

La llamada civilización está siendo destruida a un ritmo vertiginoso. La cadena de suministros, la energía, los carburantes, la producción de alimentos, los fertilizantes y todo aquello que tiene que ver con nuestro modo de vida se está desmoronando. Del mismo modo, todos nuestros derechos fundamentales prácticamente han quedado abolidos: ya no hay -si es que hubo alguna vez- elecciones honestas ni libertad de expresión ni sanidad decente ni justicia ni nada en que confiar: todo es un asqueroso chanchullo y un puto negocio.

Los gobiernos, cárteles criminales al servicio del poder global del dinero, ya ni siquiera disimulan. Los engaños manifiestos (puestos de relieve como nunca durante la falsa pandemia) y la corrupción sistémica han alcanzado un punto de inflexión donde, por nuestro bien, no podemos  seguir mirando hacia otro lado.

Responsabilizar de todos nuestros males a Putin, a la “pandemia” o al “cambio climático” es lo mismo que decir que la culpa es del chachachá.

Nuestro grado de estupidez es tan grande que nos tratan como tales. Con un descaro que roza el insulto, y sin el menor pudor, el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, dice chorradas como estas: “El chantaje energético de Vladimir Putin a Europa podría provocar disturbios civiles este invierno, pero los europeos harán sacrificios para apoyar la guerra en Ucrania. El invierno será difícil. Familias y empresas sentirán los efectos del aumento de los precios de la energía y del coste de la vida, pero valdrá la pena pagar el precio de apoyar a Ucrania.

¡Señor Stoltenberg! A los europeos no se nos ha preguntado si queremos apoyar militarmente a Ucrania. Ha sido una decisión unilateral de la OTAN que, por imperativo legal, han tenido que aceptar nuestros gobiernos títeres. Y no, no vale la pena pagar ese precio por mantener su guerra; porque es su guerra, no la nuestra.

No seamos ingenuos. El mayor peligro para terminar con la hegemonía de EEUU en el mundo es la unión de la capacidad industrial y tecnológica de Alemania con el poder energético y minero de Rusia. Por lo tanto, la política exterior de EEUU está dirigida a que esa unión nunca fructifique.

Ahora veamos unas declaraciones del miembro del Consejo ruso y expresidente, Dmitry Medvedev: “La camarilla de Kiev dio origen al proyecto de "garantías de seguridad", que en realidad es un prólogo de la Tercera Guerra Mundial. Si estos idiotas continúan alimentando al régimen de Kiev, con los tipos de armas más peligrosas sin moderación, tarde o temprano la campaña militar pasará a otro nivel. Las fronteras visibles y la previsibilidad potencial de las acciones de las partes del conflicto desaparecerán. Seguirá su propio escenario militar, involucrando nuevos participantes. Y entonces los países occidentales no podrán sentarse en sus casas y pisos limpios, riéndose de cómo están debilitando a Rusia por mediación de terceros. Todo se incendiará a su alrededor. Su pueblo sufrirá  el dolor por completo. Literalmente, tendrán la tierra ardiendo y el hormigón derritiéndose (¿se está refiriendo a una amenaza nuclear?)”.

¡Señor Medvedev! Le digo lo mismo que al señor Stoltenberg. A los europeos no se nos ha consultado sobre el envío de armas a Ucrania. Esa decisión la tomó la camarilla que dirige la UE (que, no olvidemos, no ha sido elegida por el pueblo) por mandato expreso de la OTAN.

Los “señores de la guerra” de ambos bandos están jugando con fuego y lo saben. ¿Pero qué se puede esperar de ellos si son pirómanos compulsivos profesionales?

¡Señores de la guerra! Dejen de tomarnos por idiotas. Ustedes han metido a Europa en una recesión deliberadamente. Pero me temo que lo que hemos visto hasta ahora es sólo el principio. Lamentablemente, las cosas se agravarán aún más este invierno. Si el Ministro de Economía alemán, Robert Habeck, ha admitido públicamente que algunas partes de la economía alemana dejarán de producir por el momento, y partiendo de la base de que Alemania es el motor de Europa, pues apaga y vámonos.

De hecho, nuestros gobiernos ya nos están preparando para lo que veremos este próximo invierno: hambre, frío, cortes de electricidad y gas, escasez de alimentos y una ruina económica sin precedentes. Nos han acostumbrado a vivir constantemente con miedo, de tal modo que, ante un caos de tal envergadura, tragaremos nuevamente con todo tipo de restricciones y también con una Tercera Guerra Mundial si es preciso.

Cada día se hace más evidente que lo que estamos viviendo no es más que la hoja de ruta de una agenda establecida (la Agenda 2030) para dar paso al famoso Gran Reinicio del Foro Económico Mundial.

Pero, ¿sabías que ese nuevo mundo no cuenta con la mayoría de nosotros?

Yuval Noah Harari (asesor del fundador de FEM, Klaus Schwab), en unas declaraciones recientes, dijo: “La sociedad que estamos preparando ya no tendrá nada que ver con la actual. Deberemos adaptarnos y no siempre será fácil”. Y enfatizo: “En este siglo XXI, estamos asistiendo al surgimiento de una nueva clase masiva de personas inútiles, sin ningún valor económico, que ya no serán de ninguna utilidad. También advirtió y amenazó: “si la humanidad se niega a entregar su soberanía a la élite se enfrentará un verdadero exterminio”.

¿Te ha quedado claro? Pues eso: que ya no somos útiles y han decidido deshacerse de nosotros. ¿O es que no lo ves? Evidentemente, se puede decir más alto pero no más claro.

Los dueños del mundo han apostado fuerte por el Gran Reinicio, donde se contempla una reducción drástica de la población mundial. Y claro está, para reiniciar algo primero hay que pararlo. Y en eso estamos. Naturalmente, si de lo que se trata es de despoblar el planeta antes del año 2030 no hay nada mejor que una Tercera Guerra Mundial, ¿no crees?

Para terminar, unas sabias palabras:Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”. Ayn Rand (1950). 

sábado, 10 de septiembre de 2022

UNA SOCIEDAD CADA VEZ MÁS ESTÚPIDA

Nunca a lo largo de la historia hemos tenido una sociedad ideal. Lo más que hemos conseguido es ser una sociedad soportable, nada más. Pero cuando las cosas no empiezan bien solo pueden ir a peor. Y en eso estamos.

Una sociedad que no piensa no es una sociedad libre, sino un rebaño fácil de pastorear. En la actualidad, prácticamente la totalidad de la población, incluida la gente que lee libros y estudia carreras universitarias, no piensa. Y lo lamentable, es que no es consciente de que adopta como propios pensamientos que no son suyos, sino de otros.

Llevamos muchas décadas en una dinámica de degeneración constante de la sociedad. Nos hemos convertido en una sociedad perversa que no valora nada. Es una sociedad que confunde lo virtual con lo real, que ha cambiado el ser por el tener, que la verdad le importa un pepino y que lo único que busca es el placer inmediato.

Amén de la inestimable colaboración de los babosos medios de comunicación, vendidos al poder global del dinero, paradójicamente es el sistema educativo el que más está contribuyendo a esta degeneración. El sistema educativo ha sido diseñado para adoctrinar e inculcar ideologías, no para formar. Esto impide que los niños desarrollen su ingenio, su talento y su espíritu crítico y hace que salgan de las aulas convertidos en borregos estúpidos muy fáciles de doblegar.

Los que peinamos canas, o ya no podemos peinarlas porque hemos perdido el pelo, estamos viendo como la mayoría de jóvenes que salen de nuestro sistema educativo prácticamente no saben hablar, leen –si es que leen- con dificultad y casi no son capaces de escribir algo medianamente legible. Y claro está, los gobiernos están encantados porque una población así no ofrece la más mínima resistencia ante el abuso de poder, tal y como estamos viendo últimamente.

Una masa de gente cada vez más cretinizada, que fija su mirada a todas horas en la pequeña pantalla de su móvil (totalitarismo digital) y que desconoce el lenguaje adecuado para efectuar sus pensamientos (sin lenguaje no hay pensamiento), ha dado pie a la deriva totalitaria que estamos padeciendo.

Nos encontramos en una situación extremadamente crítica. Las nuevas generaciones, que cuentan con los mejores medios de toda la historia de la humanidad, albergan una mayoría de individuos cada vez más estúpidos, iletrados e ignorantes. Su coeficiente intelectual, según los últimos estudios, está descendiendo y mucho me temo que no serán capaces de afrontar los importantes retos de los nuevos tiempos.

Verdaderamente los “tíos listos” se lo han montado de fábula. Han creado toda una masa de imbéciles que hacen, dicen y repiten lo que ellos quieren. Les han prohibido pensar y, sobre todo, juzgar. Si algo tienen en común los imbéciles es esa frase tan manida: “quién soy yo para juzgar”. O sea, que tú no juzgas, pero los “tíos listos” si te juzgan. Ya sabes, ellos nos responsabilizan del cambio climático, de las crisis económicas, del deterioro del medio ambiente, etc.

Parece que el acto de juzgar esté prohibido para el “populacho” por mandato divino. Sin embargo, nosotros admiramos y nos parecen más interesantes las personas que juzgan, que no tienen miedo a opinar y, por supuesto, que piensan. Por cierto, solemos llamarles intelectuales.

Decía el historiador inglés Henry Thomas Buckle : “Los hombres y mujeres se clasifican en tres clases o niveles de inteligencia. Se puede distinguir a la clase más baja por su costumbre de hablar siempre de las personas; a la siguiente, porque suele conversar de las cosas, y a la más alta, por su preferencia a debatir sobre las ideas”.

¿Cuántas veces debatimos sobre las ideas con familiares y amigos? Ninguna: elemental, está muy mal visto. ¿Cuántos debates sobre las ideas vemos en los medios de comunicación? Ninguno. Alguno pensará que las tertulias políticas sí son sobre las ideas. Pues no, no lo son, son sobre las personas, puesto que lo único que hacen es descalificarse unos a otros, ya que es lo que espera la masa que sigue esas tertulias que, por supuesto, entra en el primer nivel de inteligencia de Henry Thomas.

Es curioso que ahora todo es inteligente menos nosotros. Tenemos una inteligencia artificial, casas inteligentes, coches inteligentes y se habla de que en un futuro, no muy lejano, las ciudades también serán inteligentes. Aunque mucho me temo que serán cárceles inteligentes.

El ciudadano del siglo XXI se ha convertido en un ser perezoso. No quiere esforzarse en aprender ni quiere responsabilidades y se ha dejado arrebatar sus derechos fundamentales que tantos siglos de lucha costaron a sus ancestros.

Aunque algunos ya lo sabíamos, la falsa pandemia ha puesto de manifiesto el engaño de la democracia. Lo que hoy llamamos democracia no es más que el gobierno en la sombra de unos oligarcas  plutócratas que practican la estigmatización de las masas. Para ello se han hecho con los servicios incondicionales de unos políticos corruptos, estúpidos e ignorantes que lo único que buscan es medrar.

Pero vamos a ver. ¿De verdad crees que Pedro Sánchez, Emmanuel Macron, Justin Trudeau o Joe Biden son nuestros representantes? Y lo que es aún más ridículo, ¿crees que las empresas del Ibex-35, S&P 500, Nasdaq o fondos de inversión como BlackRock y Wanguard Group  van a dejar su fortuna y su futuro en manos de cualquier paleto salido del “populacho” en una elección? ¡DESPIERTA! Son ellos los que eligen a esas personas, no tú.

A las nuevas generaciones se les ha preparado para razonar, analizar y buscar información, pero no para pensar. Y, claro está, si te lo dan todo pensado te arriesgas a que te den gato por liebre. Y como muestra un botón.

El mayor experimento farmacológico realizado sobre la humanidad ha sido posible gracias a la idiotización de la sociedad. Nunca antes se habían atrevido a someter a toda la población mundial a una experimentación médico-genética de tal calado: “vacunas” anti Covid-19 para toda la población mundial.

El hecho de que la “vacunación” continúe a pesar de su comprobada nula valía, de los gravísimos efectos secundarios y un claro exceso de mortalidad en las naciones donde ha habido más “inoculaciones” nos lleva a pensar que detrás de la “vacunación” -cuasi obligatoria- se esconde un fin perverso. Del mismo modo, eso de que ningún juez ni fiscal haya intervenido en el abuso de medidas coercitivas ilegales, y de que todos los que han criticado el programa de “vacunación” hayan sido calumniados y condenados al ostracismo, son la prueba irrefutable de que no se trata de un problema de salud, sino de una conspiración.

Pero ahora explícaselo tú a una sociedad estúpida y amedrentada. 

miércoles, 31 de agosto de 2022

EL AGUA COMO NEGOCIO Y HERRAMIENTA DE CONTROL

El aire que respiramos y el agua que bebemos son dos elementos esenciales para nuestra existencia. El agua ocupa el 70% de la superficie de la tierra, siendo el 97% agua salada de los océanos y el 3% restante agua dulce que se encuentra en los lagos, en los ríos, en el interior de la corteza terrestre (agua subterránea) y en los glaciales (aquí se incluyen los polos).

Entonces, ¿es el agua un bien escaso o abundante? Utilizando el símil recurrente del vaso medio lleno o medio vacío –nada más apropiado-,  podemos decir que depende de cómo se mire.

En España el reparto de consumo de agua es el siguiente: 70% agricultura, 20% industria y 10% los hogares. Así pues, desde un punto de vista de consumo humano no parece que sea un bien escaso.

Ahora bien, ¿por qué están empeñados los medios de comunicación en “vendernos” la idea de que hay escasez de agua? La respuesta es simple: porque la abundancia no es negocio, la escasez sí. Por lo tanto, si se genera la suficiente alarma social con el cambio climático y la sequía, y después se implementa toda una serie de restricciones en el suministro de agua, se incrementará su demanda -“efecto escasez”-, dando lugar a que aparezcan los especuladores buitres carroñeros para repartirse el suculento pastel.

Lo que vemos en los medios de comunicación no es más que un relato de propaganda para difundir la narrativa que interesa a los especuladores. Pero no es real.

España siempre ha tenido veranos muy calurosos, sobre todo en Andalucía o Extremadura. Sin embargo, este año hemos tenido un periodo estival, digámoslo así, diferente: más de 30 días seguidos y sus correspondientes noches con temperaturas elevadas por encima de lo normal en prácticamente todo el país.

¿Es esto consecuencia del cambio climático? Claro que sí, ya que es el clima el que ha causado esas altas temperaturas. Ahora bien, ¿qué ha ocasionado ese cambio del clima?: ¿Una de tantas fases meteorológicas más cálida de lo habitual? ¿El CO2 emitido por el ser humano a la atmósfera, como dicen los “expertos” del IPCC? ¿O ha sido provocado mediante geoingeniería?

Quiero hacer hincapié en esto último, pues me temo que la población, en general, ignora por completo que el clima se puede manipular y que, además, está legislado.

Atrículo-3 del Real Decreto1/2001 de 20 de julio: Modificación de la Fase Atmosférica: “La fase atmosférica del ciclo hidrológico solo podrá ser modificada artificialmente por la Administración del Estado o por aquellos a quienes ésta autorice”.

En el caso concreto de este año, puedes consultar el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid 6/08/2022.PDF, donde se dice textualmente:

-Tipo de solicitud: autorización temporal.

-Descripción general: evitar precipitaciones en forma de granizo o pedrisco, desde 1 de mayo a 30 de septiembre.

-Descripción detallada: red antigranizo formada por 24 generadores de yoduro de plata en las comarcas de la Baja Campiña y Las Vegas.

¿Lo quieres más claro? Acabas de ver como el Gobierno admite que se puede modificar artificialmente el ciclo hidrológico. Por lo tanto, reconoce que el clima se puede manipular, tal y como se expone en nuestra legislación.

Según la Organización Mundial de la Salud, antes del 2030 dos de cada diez personas de todo el mundo no tendrá acceso a agua potable en su hogar. También dice que la escasez de agua es un problema actual para los países en vías de desarrollo y que se va a convertir, antes de lo que muchos se imaginan, en un problema también para los países más ricos.

De modo parecido se ha pronunciado el Foro Económico Mundial, advirtiendo que la mayor amenaza a la que se enfrentará el planeta en la próxima década es que miles de millones de personas no tendrán acceso al agua potable.

Que estas dos instituciones vaticinen catástrofes venideras no es ninguna novedad, ya que no es la primera vez que lo hacen, ¿verdad? Pero ya sabemos lo que ocurre cuando esta gente predice algún episodio, que se cumple. ¿Pero cómo no se va a cumplir si son ellos mismos los que lo fomentan?

Esta insistente propaganda de la falta de agua tiene dos objetivos: hacer del agua un gran negocio y convertirla en un arma estratégica de control.

Seamos un poco rigurosos. El agua dulce no es un bien escaso. Así de claro. Les guste o no a los alarmistas, el ciclo del agua lleva repitiéndose una y otra vez a lo largo de los tiempos. Por lo tanto, el problema no es el agua, sino la gestión del agua.

Desde siempre hemos tenido periodos de abundante precipitación y de sequias prolongadas, así que de lo que se trata es de gestionar bien esos ciclos. Si además tenemos la capacidad de desalar el agua de los océanos, entonces, ¿de qué escasez estamos hablando?

Lo que no es de recibo, es que una pequeña localidad española de 1.500 habitantes sufra restricciones en el suministro de agua cuando una ciudad de 700.000 habitantes -como Las Vegas (construida en el desierto de Mojave)- no padece ninguna. Por consiguiente, no hay que ser ningún lince para darse cuenta de que algo no estamos haciendo bien.

Evidentemente, suprimir 84 presas -como está haciendo nuestro Ministerio de Transición Ecológica- con el pretexto de restaurar ríos, y demoler centrales térmicas para llevar a cabo la transición hacia la energía verde, sin una alternativa consolidada, no va a contribuir a solucionar el problema del agua ni el de la energía. Al contrario, lo va a agravar. Y de eso se trata.

Los seres humanos podemos vivir sin dinero, sin electricidad o sin petróleo, pero no sin agua. Los “tíos listos” lo saben, han visto un “filón de oro” en el “líquido elemento” y están preparándose para hacer su agosto. Tal es así, que desde diciembre de 2021 el agua cotiza en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street. Y lo más preocupante, cada vez hay más grupos de capital riesgo (fondos buitre) que están intentando controlar el agua, sabiendo que se va a convertir en un recurso estratégico en el futuro.

Por otro lado, a medida que nos vayan asustando con el cambio climático el control de los recursos hídricos irá a más. Y, claro está, puesto que el agua siempre será demandada y, de momento, no hay nada conocido que la sustituya, se va a convertir en un recurso político y en una herramienta de control. Lo que quiere decir que cualquier gobierno de turno podrá utilizarla para chantajear a la población e incluso como “arma de guerra”.

Después de ver como las compañías eléctricas han incrementado el precio de la electricidad de una manera escandalosa, una vez que fueron privatizadas, no te quepa la menor duda de que ocurrirá lo mismo con el agua. Si actualmente el agua en España está a 1,91 € el m3, no es de extrañar que la veamos a 50 € ó 100 € el m3. Espera y verás.

El agua es un bien esencial para la vida y está en el ámbito de los derechos humanos (aunque ya hemos visto lo que hacen nuestros gobiernos con los derechos humanos: limpiarse el trasero con ellos). Por lo tanto, la especulación del “líquido elemento” es absolutamente mezquina, insensata e inmoral y jamás deberíamos haberlo consentido.

Decía Henry Kissinger: “Quien controla el suministro de alimentos controla a la gente, quien controla la energía controla continentes enteros y quien controla el dinero controla el mundo“. Y añado yo: quién controla el agua controla la vida.

Pues esto es lo que está sucediendo delante de nuestras propias narices sin que movamos un solo dedo para impedirlo.

La pandemia con sus “vacunas”; el cambio climático con sus sequias, restricciones de agua e innumerables incendios; la crisis energética con el racionamiento de gas y electricidad; la guerra de Ucrania; la escasez de alimentos y la inflación, entre otras cosas, forman parte del mismo plan: despoblar el planeta y controlar de una manera enfermiza a los que queden.

Todo esto está siendo provocado intencionadamente por quienes llevan el puto pin de la agenda 2030 en la solapa, en colaboración con los gobiernos títeres y toda una pléyade de paniaguados periodistas, médicos, científicos y jueces que, por cierto, son tan imbéciles que no se dan cuenta de que tampoco ellos se van a librar de la quema.

Lo que se avecina no es una gran recesión, sino el colapso total del sistema. Es lo que el Foro de Davos denomina “El Gran Reinicio”. Algunos llevamos años intentando despertar a la gente de su letargo y, salvo alguna rara excepción, lo único que hemos conseguido son descalificaciones e insultos. Pues nada, como se dice vulgarmente en el argot taurino: “que Dios reparta suerte”. La vamos a necesitar. 

lunes, 22 de agosto de 2022

¿ES LA CIENCIA LA NUEVA RELIGIÓN?

Vivimos en un mundo tecnológico donde, por mediación de la propaganda emitida constantemente por los medios de comunicación, todo lo que huele a ciencia es considerado por el vulgo palabra de Dios. No hay día que no oigamos, hasta la saciedad, que gracias a determinado estudio científico se ha demostrado tal o cual cosa o se afirme o se niegue cualquier otra.

Si hacemos memoria, o tiramos del “libro gordo de Petete” de la historia de la ciencia, veremos que esto no siempre ha sido así. Desde los primeros atisbos de lo que llamamos ciencia, los llamados científicos han cometiendo tremendos errores que han ocasionado a la humanidad serios trastornos y retrasos.

Es cuanto menos curioso ver cómo hemos aceptado que la mayoría de la ciencia del pasado era inadecuada o estaba equivocada. Sin embargo, gracias a la propaganda subliminal introducida en nuestro cerebro, pensamos que la ciencia actual no comete errores y está en lo cierto. Evidentemente, nada más lejos de la realidad.

A grandes rasgos, podríamos decir que a lo largo de la historia la ciencia ha tenido más equivocaciones que aciertos, dándose por buenos planteamientos científicos erróneos que, posteriormente, fueron corregidos. Así, por ejemplo, tenemos que en el siglo II Ptolomeo introdujo un sistema geocéntrico (la Teoría Geocéntrica) que situaba a la Tierra en el centro del universo y a los astros, incluido el Sol, girando alrededor de la Tierra.  Este modelo estuvo vigente hasta el siglo XVI (nada menos que 1.400 años), cuando fue reemplazado por la Teoría Heliocéntrica de Copérnico.

Otro claro ejemplo fue la Teoría de la Deriva Continental, desarrollada en 1912 por el alemán Alfred Wegener, corregida 40 años más tarde por la tectónica de placas que explica de manera adecuada el movimiento de los continentes.

¿Y qué decir de las atrocidades cometidas por las autoridades de cada época por ir en contra de las creencias del momento? Recordemos que Miguel Servet (teólogo reformista y médico español) fue quemado en la hoguera, en 1553, simplemente por descubrir que la sangre circula por las venas.

Ampararnos en la ciencia para tomar decisiones que atañen a nuestras vidas sin una evidencia irrefutable es una temeridad, una irresponsabilidad y una insensatez. Y eso es lo que está ocurriendo  en estos momentos.

La ciencia, al igual que en economía y otras disciplinas académicas, plantea a veces ciertas hipótesis equivocadas que pueden llegar a influir en el pensamiento mayoritario. Y lo que es aún peor, puede, y de hecho muchas veces lo hace, condicionar lo que se enseña en las universidades. Por lo tanto, tomar semejantes hipótesis al pie de la letra puede ser precipitado, tal y como estamos viendo con la repuesta a una falsa pandemia, a un inexistente cambio climático antropogénico y a una crisis económica provocada, donde ninguna de las tres disciplinas presentan argumentos sólidos irrefutables para avalar las decisiones que se están tomando.

Por otro lado, tenemos la tendencia a pensar que los llamados “expertos” siempre tienen razón. Pero la tozuda realidad lo desmiente categóricamente. Lo hemos visto cuando los “expertos” del cambio climático, en su interminable historial de predicciones catastróficas, vaticinaron la reducción del hielo del Ártico para el año 2010, luego para el 2014, el 2018 y últimamente para el 2030. Sin embargo, la extensión de hielo del Ártico no solo no ha disminuido, sino que ha  aumentado/s.

Lo mismo pasó con la “pandemia”. Los “expertos” auguraron la muerte de 85 millones de personas y también se columpiaron. En este periodo nos han contado, una y otra vez, una cosa y la contraria. Pero, para más inri, cada vez que se equivocan vuelven a inventar otra sarta de mentiras que luego la realidad se encarga de poner en su sitio: nos aseguraron que las “vacunas” anti-Covid, inmunizaban y eran seguras y luego la cruda realidad ha demostrado, con hechos, que ni inmunizan ni son seguras.

Las normas de la ciencia son rigurosas: Quien hace una afirmación debe demostrarlo de forma clara y comprensible y debe de poder, además, ser comprobado y verificado. Solo así puede llamarse ciencia. Lo demás, es solo cuestión fe.

Muchos de los mitos y procedimientos en los que se basan las teorías científicas están siendo ahora cuestionados.

A raíz de la aparición del Covid-19, los gérmenes patógenos se están poniendo en entredicho por una parte de la comunidad científica. Epidemias como la gripe española, la poliomielitis o la viruela, entre otras, están siendo nuevamente estudiadas. También se está poniendo en tela de juicio técnicas como el aislamiento de los virus y su secuenciación para intentar una mejor comprensión de la virología moderna y la teoría de los gérmenes en su conjunto.

Esto que, en principio, debiera ser el protocolo a seguir antes de tomar cualquier decisión que pueda ser irreversible (como la de “vacunar” a toda la población mundial con una “pócima” experimental), ahora no solo no se contempla, sino que está mal visto, en el mejor de los casos, o directamente perseguido.

En resumen, la ciencia es debate y si no hay debate no hay ciencia. Así de simple. De hecho, lo que nos están vendiendo sobre la “pandemia” y el “cambio climático antropogénico” no es más que la opinión de un puñado de científicos con conflicto de intereses, y eso no es ciencia, es opinión.

Creo sinceramente que para dejar de ser engañados por todo tipo de farsantes (científicos, políticos, economistas, etc.) cada uno de nosotros debería crearse su propia opinión. Para eso debemos esforzarnos por querer saber y no cerrarnos en banda ni dejarnos manipular por los medios de comunicación al servicio del poder. Eso implica investigar por nuestra cuenta y leer y escuchar cosas que se dan de patadas con las creencias establecidas. Y, sobre todo, dejar de pensar que todo lo que no es oficial es una teoría de la conspiración, ya que la teoría de la conspiración no existe, solo existe la conspiración (el término “teoría de la conspiración” fue inventado para promover la autocensura y desacreditar a los disidentes. Por cierto, una genialidad de los ingenieros sociales que ha dado unos excelentes resultados, la verdad).

Pero lo más importante es dejar de tener miedo a quedar fuera del rebaño. El día que lo consigas, ¡ENHORABUENA! Habrás pasado a formar parte de los “despiertos” y serás una persona más difícil de engañar. 

domingo, 14 de agosto de 2022

“EFECTOS ADVERSOS” DEL TELÉFONO MÓVIL

A día de hoy hay más teléfonos móviles que habitantes tiene el planeta. El vulgarmente llamado “móvil” se ha convertido en una prolongación de nuestros sentidos. Pero, sin negar ninguna de las ventajas de esta nueva tecnología, hay que hacer constar que no todo son bondades y que esconde, al menos, tres serias amenazas que deberíamos tener en cuenta: la adicción, el impacto en nuestra salud y, por supuesto, la utilización como herramienta de control.

La adicción es una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que implica la incapacidad de controlar el deseo de consumir la sustancia o cosa a la que se es adicto. Hoy tenemos multitud de adicciones: se puede ser adicto al trabajo, a las drogas, al sexo, al juego, al deporte, a las series de televisión,… y, por supuesto, al teléfono móvil.

Alguno pensará que si el teléfono móvil forma parte de las nuevas tecnologías, imprescindibles para el modo de vida actual, ¿cómo se puede decir que se es adicto al móvil? Pues se puede, claro que se puede. De hecho, la “movilmanía” es la enfermedad de moda en estos momentos y tiene un nombre: nomofobia.

La nomofobia  (palabro nuevo inventado para esta recién aparecida enfermedad) es el  miedo irracional que sufren las personas a no tener el móvil o a estar sin cobertura. ¿Y cómo se sabe si una persona es nomofobica? Pues muy sencillo. Un nomofóbico es fácilmente reconocible, porque mira constantemente su móvil para ver si ha recibido algún mensaje o hay alguna nueva noticia en los canales que consulta. ¡Ah! Y, en algunos casos, su obsesión llega a tal punto que no quiere ir a ningún sitio en el que no haya cobertura.

La nomofobia se ha convertido en la mayor adicción que existe en el mundo, siendo prácticamente 1 de cada 2 usuarios –dentro de la población más joven- quien la sufre con diferente grado de dependencia. Esta nueva adicción afecta tanto a niños como adolescentes y adultos. Según diversos estudios, se da sobre todo entre personas menores de 35 años, siendo afectados el 78% de las personas que tienen entre 18 y 25 años y el 68% de los que tienen edades comprendidas entre los 25 y los 35 años.

Pero el móvil no solo puede crear una dependencia adictiva, sino que también tiene consecuencias demostradas en el deterioro de la salud.

Un teléfono móvil funciona a través de una red de antenas  que generan campos electromagnéticos. La exposición a las radiaciones electromagnéticas, emitidas por las estaciones de telefonía móvil, es una de las mayores preocupaciones de una parte de la sociedad que ve la posible relación entre los niveles de radiación no ionizante y los indicadores de salud.

Existen dos tipos de radiaciones: las ionizantes y las no ionizantes.

Las radiaciones ionizantes son las emitidas por material radiactivo, equipos de alto voltaje, reacciones nucleares y las estrellas. Los tres tipos principales de radiación ionizante se conocen como radiación alfa, beta y gamma, siendo esta última la más peligrosa.

Las radiaciones no ionizantes son un tipo de radiación que no tiene suficiente energía como para desestabilizar un átomo, haciendo saltar de su órbita un electrón. Por lo tanto, a priori no son tan peligrosas como las ionizantes. La radiación no ionizante incluye la luz visible, infrarroja y ultravioleta; las microondas; las ondas de radio y la radiofrecuencia de los teléfonos móviles.

De entre los problemas más comunes que presenta la exposición a las antenas de telefonía móvil -ya contrastados- son los dolores de cabeza, problemas de memoria, mareos, depresión y trastorno del sueño. Sin embargo, hay otras muchas afecciones que se están investigando como los efectos en la sangre, la proliferación de diferentes tipos de cáncer, el retraso en las habilidades motoras en los jóvenes o el riesgo significativamente mayor de padecer diabetes mellitus tipo 2, entre otras. En la página web Environmental Health Trust/ tienes información sobre diferentes estudios, revisados por pares, de los efectos de la radiación en la salud. También puedes consultar aquí/ otro estudio sobre el vínculo entre el 5G y los síntomas del Covid-19. 

Si bien la adicción al móvil y los efectos que tiene sobre la salud son importantes, existe otro mucho más peligroso que no es tenido en cuenta por los usuarios. Me estoy refiriendo a la utilización del teléfono móvil como herramienta de control.

En el año 2022, la OMS firmó un contrato con la Deutsche Telekom para que desarrollasen una aplicación y un software de verificación QR que se aplicará en todo el mundo. La UE ya ha anunciado que quiere tener implantada la identificación digital para el año 2024, formando parte del nuevo sistema mundial de identificación digital que se está creando. El objetivo es implementar un sistema global en el que nuestros datos personales de todo tipo sean incorporados a la red de la Moneda Digital de los Bancos Centrales (CBDC), que es el nuevo sistema monetario que se tiene pensado imponer en todo el planeta.

En definitiva, lo que se pretende es llegar a tener a todo el mundo controlado a través de un software de código de verificación QR, que deberá estar incluido en cada teléfono móvil. Este software vigilará y supervisará a toda la población del planeta y controlará todos los aspectos de nuestras vidas.

Si la falsa pandemia sirvió para amedrentar e idiotizar a la población y crear una red global de “bioseguridad” a través del teléfono móvil (códigos QR de test PCR y “vacunas”), ahora el cambio climático y la guerra de Ucrania traerá consigo el racionamiento energético que, evidentemente, acelerará el colapso económico.

Ya estamos viendo como la mayoría de países occidentales están desmantelado intencionalmente sus sectores energéticos habituales para dar paso a la “energía verde” de la Agenda 2030. Francia y España están apagando monumentos y escaparates. También están imponiendo restricciones a la temperatura de la calefacción y el aire acondicionado para “reducir el consumo energético” que, evidentemente, arruinará la economía. Después eliminarán todo el dinero físico  y se introducirá la CBDC, que siempre ha sido el principal objetivo.

Y ahora recapacitemos un poco. ¿No te has parado a pensar que todos esos cambios no se pueden llevar a cabo sin la existencia de nuestros teléfonos móviles? Así que la pregunta obligada es: ¿estamos dispuesto a prescindir de él? Porque este es el verdadero “quit de la cuestión”.

Piénsalo, sin teléfonos móviles no hay control que valga.

jueves, 4 de agosto de 2022

HISTORIA DE UNA "PANDEMIA" ANUNCIADA

Los gobiernos de prácticamente todo el mundo han sucumbido a la oligarquía del poder global del dinero que, mediante instituciones con estructuras corruptas, tiene al mundo bajo la suela de su zapato.

Estas estructuras de poder han estado planeando durante años una pandemia, con el fin de crear deliberadamente el pánico masivo de la población. El propósito de este pánico masivo solo tenía un objetivo: persuadir a la población para que aceptara “vacunas” experimentales, cuyas bondades estamos viendo que no son tales, sino todo lo contrario.

Esta “pandemia” ha sido planeada durante mucho tiempo, habiendo tenido anteriores intentos fallidos como el de la gripe porcina hace 12 años. Finalmente, sus promotores -psicópatas sin escrúpulos- lograron su objetivo en 2020.

Experimentos y eventos tales como la Operación Dark Winter, en 2001; el ejercicio Lockstep de la Fundación Rockefeller, en 2010, o el Evento 201, que patrocinaron el Centro Johns Hopkins, la Fundación Rockefeller, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates, en 2019, corroboran que hasta el último detalle de este plan diabólico fue planeado y planificado con anterioridad.

Pero una “pandemia” que en el transcurso de casi tres años de existencia tiene unos datos de risa, no es tal, y solo reúne los requisitos de pandemia porque su definición fue cambiada por la OMS en 2009. Por lo tanto, podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que no hay ninguna pandemia, solo una “exuberancia” de positivos a unos test PCR, por cierto, hartamente desacreditados por la valiente comunidad científica sin conflicto de intereses.

Quiero aclarar que cuando hablo de que no hay ninguna pandemia, nada tiene que ver con que exista (si es que existe) una enfermedad, a la cual han denominado Covid-19, que, por cierto, tiene dividida a la comunidad científica y a día de hoy no hay evidencia científica de que sea causada por un virus.

En última instancia, el objetivo principal de todo este esperpéntico espectáculo es la implosión controlada del sistema financiero (corrupto hasta la médula), para llevar a cabo la introducción de uno nuevo más esclavizante -con una moneda digital emitida probablemente por el Banco de Pagos Internacionales- y la consolidación de un gobierno mundial bajo la tutela de la ONU y la OMS.

Esto implica la destrucción deliberada de la economía, haciendo quebrar las  pequeñas y medianas empresas (tal y como estamos viendo), para que plataformas como Amazon, Google o Meta, entre otras, puedan tomar el control.

También se requiere la destrucción de la democracia y el estado de derecho (cosa que se está haciendo con la introducción en nuestros reglamentos de toda una sarta de prohibiciones y limitaciones) y la cesión de soberanía a instituciones como la UE, la OMS, la ONU o la OTAN que nos conducirá a perder nuestras identidades nacionales y culturales a cambio de aceptar un mundo unipolar bajo un único gobierno mundial.

Pero la mayor de las atrocidades de esta agenda -que ya no se oculta- es la drástica reducción de la población mundial. Tal es así, que hasta la Dra. Jane Goodall (célebre primatóloga inglesa por sus descubrimientos sobre la conducta de los chimpancés) dijo este año en el Foro de Davos: “Todos nuestros problemas estarían resueltos si la población de la Tierra fuera la de hace 500 años”, aludiendo claramente a la despoblación (se estima que la Tierra contaba con 500 millones de personas en aquella época). Eso por no hablar de la manipulación de nuestro ADN (como aseguran algunos científicos) para llegar al transhumanismo que tanto le gusta al FEM.

Muchos de los que estuvieron colaborando como asesores en la OMS y la ONU aseguran que, de facto, la OMS y la ONU han sido designadas para ejercer el gobierno del mundo. Por eso necesitan declarar una emergencia sanitaria a nivel internacional, para que los diferentes gobiernos cedan su soberanía. Esto lo intentaron este mismo año, pero más de 40 países africanos se negaron a firmar el traspaso  de su soberanía a la OMS. Desgraciadamente, me temo que solo es cuestión de tiempo para que esos países sucumban a las presiones a las que serán sometidos.

A ver si nos queda claro de una vez por todas que el Nuevo Orden Mundial, la Cuarta Revolución Industrial, el Gran Reinicio, la Agenda 2030, el Capitalismo Inclusivo, o como coños lo quieran llamar, tiene como objetivo crear un único nuevo imperio mundial. Ese es el plan. Así que este es el sombrío panorama al que nos enfrentamos. La cuestión es: ¿estamos dispuestos a hacer algo para evitarlo? Pero antes deberíamos preguntarnos: ¿verdaderamente podemos hacer algo? Porque hay gente que lo duda.

Las masas no somos conscientes del inmenso poder que tenemos. Si nos organizamos podemos derribar cualquier muro. Juntos somos demasiados para ser reprimidos. Por eso no sé qué hacemos dejándonos dominar por  el 1%.

Bien es verdad que el sistema lo tiene todo atado y bien atado y dedica mucha energía a mantenernos idiotizados. Desde el momento en que nacemos se nos inculca la sumisión hacia el statu quo. La educación que recibimos, empezando por nuestros padres, fomenta la obediencia. Las religiones ensalzan la mansedumbre y la pobreza. Y luego, como no, está la eterna división: blancos y negros, derechas e izquierdas, ricos y pobres,... Pero aun así, el sistema es vulnerable y, por supuesto, podemos vencerlo.

La “pandemia” fue creada para implementar las nuevas políticas globalistas. Pero resulta que el Covid-19 fue una chapuza en toda regla y, de momento, no ha sido ni de lejos tan mortífero como se esperaba. Por lo tanto, la situación se puede revertir en cuanto la gente despierte y se dé cuenta del engaño al que ha sido sometida.

Si Klaus Schwab (fundador del FEM) dijo que la “pandemia” era una oportunidad para implementar el Gran Reinicio, también es una oportunidad única para nosotros de acabar con los poderes fácticos que nos tienen subyugados.

No sé si seremos capaces de hacerlo. Pero hay una cosa que sí podemos hacer: utilizar todo lo posible el dinero en metálico. Cuanta más gente deje de efectuar pagos electrónicos (sobre todo a través del móvil), más difícil les será implementar su nuevo sistema monetario, piedra angular de todo su plan. 

sábado, 30 de julio de 2022

DEFINITIVAMENTE LA TELEVISIÓN SE HA CONVERTIDO EN EL ARMA PERFECTA PARA EL CONTROL SOCIAL

Tanto A. Huxley, en su Mundo Feliz, como G. Orwell, en su Rebelión en la Granja, pudieron tan siquiera imaginar que el control social que ellos ficticiamente describieron en sus obras iba a llegar a ejecutarse de manera tan sutil.

La narcotización que ejerce la todopoderosa televisión disfrazando de ocio, de cultura y de información toda una sutil repugnante propaganda, está siendo muy efectiva.  

La mal llamada “caja tonta” en realidad es muy lista. Desde hace décadas viene adoctrinando a la población para convertirnos en un rebaño de borregos sin pensamiento propio. Por lo tanto, se ha erigido en el arma perfecta para el control mental, dando unos resultados excelentes.

Pero si de siempre la programación ha sido deliberadamente ponzoñosa, es en estos dos últimos años y medio donde ha llegado a unos niveles de obscenidad y frivolidad difíciles de superar.

Los programas mal llamados de entretenimiento, y los también mal llamados culturales, deberían denominarse programas de aborregamiento. Así de claro. Concursos, reality shwos, series, películas, deportes, documentales, etc., forman parte del mismo paquete morfínico para anestesiar a las masas. Pero los que han batido todos los records de procacidad son los telediarios.

Se supone que una cadena de ámbito nacional, y pública, es una institución seria que informa con rigor. Pero nada más lejos de la realidad. Pandemia, cambio climático, incendios, crisis económica y guerra de Ucrania son los únicos temas que copan las parrillas de los telediarios. Y, como colofón, para hacernos aún más imbéciles de lo que somos, suelen incluir alguna “ocurrencia” del “iluminado” de turno como que un ballenato ha varado en la costa del Cantábrico o cualquier otra simpleza semejante. Evidentemente, este tipo de noticias son intencionadamente utilizadas para infantilizar al espectador, que termina por hacerse un adicto a las noticias basura.

Hoy en día es imposible encontrar información y programas de calidad en cualquier cadena de televisión, ya que todas repiten y emiten los mismos contenidos. Podríamos tener un solo canal y no echaríamos de menos al resto.

Esto que acabo de exponer puede parecer excesivo, pero no lo es. Lo que sucede, es que llevamos años acostumbrados a tragar esta bazofia y ya no somos conscientes de la carroña audiovisual que consumimos.

Pero si la televisión está totalmente manipulada, alguien podría pensar que existen otros medios alternativos más rigurosos y menos coercitivos. De nuevo, nada más lejos de la realidad, ya que, por desgracia, la mayoría de los llamados medios alternativos son también controlados por los mismos grandes imperios de la información y el entretenimiento.

¿Y qué decir de toda esa gama de nuevas plataformas, redes sociales y aplicaciones de todo tipo?

El consumo masivo de los formatos interactivos está sustituyendo las relaciones personales por relaciones cibernéticas. Las nuevas generaciones consumen a diario un sinfín de gilipolleces que salen de las pantallas de sus dispositivos móviles.  En estos tiempos podemos contemplar a cientos de millones de personas en todo el mundo que no hacen otra cosa, en el transcurso del día, que consultar e interactuar con su puto móvil. Dedican su preciado tiempo a ver vídeos, escuchar audios e intercambiar diálogos (si es que se les puede llamar así) en las redes sociales.

Pero, mientras están encantados “disfrutando” de las nuevas tecnologías, se están perdiendo algo tan esencial y enriquecedor como son las relaciones humanas. Eso por no hablar del placer de leer un buen libro. Pero me temo que la gran mayoría de las nuevas generaciones de cibernautas no solo no van a abrir un libro en su jodida vida, sino que ni siquiera sabrán que es un libro.

Lo que se ha conseguido, a través de la televisión y las nuevas plataformas tecnológicas, es hacer personas neutras que ni opinan ni se cuestionan nada, solo quieren ser entretenidas y a cambio obedecen y punto.

El grotesco espectáculo al que hemos asistido durante los dos últimos años y medio a través la televisión, ha sido demoledor para los que aún conservamos un poco de dignidad y sentido común. Ver a la gente aplaudiendo en los balcones de sus casas a los asesinos de nuestros mayores, mientras estábamos encerrados como animales de granja, no va a ser nada fácil de olvidar.

Ahora la televisión está preparando a las masas para el otoño-invierno “calentito” que se avecina. Los incendios, el miedo al corte de suministro de gas ruso a Europa, la viruela del mono y la estanflación son la excusa perfecta para el cúmulo de racionamientos energéticos, alimenticios, monetarios y la vuelta a las restricciones sanitarias y otras nuevas por el cambio climático que nos esperan después del verano. Medidas, por cierto, que acaba de anunciar nuestro Presidente de Gobierno aprovechando el periodo estival.

¿Y la gente? ¿Volverá a tragar? Me temo que sí. ¿Pero cómo no va a tragar con el bombardeo constante que sufre a través de la televisión?

La televisión tiene amedrentada y engañada a la población, además de ocultar información. Cuando hablas con la gente, y le dices que medio mundo se está levantando en contra de la tiranía de la agenda globalista, no te cree. Y no te cree, porque no lo ha visto en televisión. Sin embargo, solo en el mes de julio  se han producido multitud de manifestaciones pacíficas en Canadá, Australia, Chile, Portugal, España, Alemania, Austria, Francia, Italia y Holanda, solo por nombrar algunos de los países más activos. Conviene resaltar el caso de Alemania, cuyos habitantes no han olvidado lo que supuso el nazismo y no quieren volver a vivir ese horror. Alemania hoy día es un clamor, pero nada de eso sale en televisión.

Por enésima vez se está utilizando la “estrategia de la gradualidad” para hacer colapsar la economía mundial. El incesante bombardeo de la subida de precios, a través de los medios de comunicación, está acabando con la demanda. Y, claro está, una sociedad de consumo que no consume se hunde. Así de sencillo. Por lo tanto, creo que no me equivoco al decir que, definitivamente, los medios de comunicación, con la televisión a la cabeza, se han convertido en el arma perfecta para el control social.

¿Y ahora qué? ¿Vas a apagar de una vez la televisión?